miércoles, 18 de julio de 2012

El tiempo
















 Son días de mar y paseos, baños frescos y sabrosos, y es lo que tiene, que su  sabor a sal y olor caratéristico me transportan a otra época. Y se forma un coctel fantástico y emotivo que me llevan a recordar y evocar.
Con el paso del tiempo echo de menos cada vez más cosas, también personas y momentos.
Echo de menos risas frescas y despreocupadas. Alegrías sin motivo. Reír por nada.  El olor de aquella colonia que guardaba en un cajón de mi mesilla de noche y solo usaba  en  momentos especiales.

Echo de menos los vendedores  ambulantes de helados que se paseaban por la playa de sol a sol  y con voz mecánica repetían hasta la saciedad  los sabores de helados que llevaban en la nevera cargada al hombro o en bandolera.

Añoro el olor de los guisos que cocinaba mi madre los domingos y fiestas importantes en las que nos sentábamos toda la familia alrededor de la mesa y nos daba las tantas sin darnos cuenta.

Echo de menos la capacidad de sorprenderme a mi misma ante todo lo que se me antojaba nuevo.
Echo de menos las noches perezosas de verano que paliábamos como se podía, en casa abríamos las ventanas y la brisa que entraba por ellas nos acariciaba mezclada con el olor que desprendían los jazmines.

Recuerdo con mucho cariño la luminosidad de la cocina con las baldosas blancas que mi hermana y yo decorábamos con calcomanías  de motivos frutales.

Echo de menos la adicción a coleccionar,  aunque no recuerdo haber completado ninguna de las colecciones que empecé con gran entusiasmo.
Echo de menos  sensaciones...
  Fotografía de Ralph Gibson