martes, 27 de diciembre de 2011

Frío


Cuando terminamos de comer, los demás  decidieron quedarse y tomar (según ellos) la última copa del día antes de despedirse, pero yo hacía rato que  me hallaba muy lejos de aquellas  cuatro paredes, me sentía extraña  con aquellas personas que reía de forma demasiado ruidosa para mi gusto. Necesitaba  con urgencia notar  el aire frío empapando mi rostro. Me despedí de todos mientras cogía el abrigo y me colgaba el bolso sobre el hombro derecho, salí a la calle con paso ligero y pensamientos lentos.
Aunque era temprano reinaba el silencio, la luz de  las farolas era  amarilla y triste,  contrastando con el brillo de las luces navideñas que adornaban las calles, y es que por estas fechas los días son muy cortos y las noches demasiado largas.

De vez en cuando me detenía unos segundos  porque mi indecisión se hacia cada vez más fuerte y una aguda melancolía se apoderaba de mi estado de ánimo.
Con lentitud, para ahuyentar mis propios fantasmas  me entretenía en mirar hacia una frontera imaginaria, tan helada como vacía.
 Inventé un ritmo mientras una de mis  manos jugueteaba con las llaves  que momentos antes había colocado  en el bolsillo del abrigo.

Al llegar a casa abrí la puerta y me detuve por unos segundos mirando  (o quizá esperando) primero hacia el fondo, después a lado y lado del pasillo, anhelando que tal vez se abriera una puerta y  alguna voz  me diera la bienvenida, necesitaba oír una expresión parecida a esta,¡ qué bien que ya estés en casa, te estaba esperando!. Pero solo había silencio,  la casa estaba vacía y a oscuras. Cerré  con el pie o mejor dicho, con el tacón del zapato del pie izquierdo. Recorrí el pasillo a oscuras hasta llegar al sillón que un  día coloqué bajo la ventana, echándome sobre él sin ningún cuidado.
Me levanté y fuí  hasta el equipo de música,  en el silencio mis pasos resonaban por el piso, noté que alguna lámina del parquet andaba algo suelta. En momentos importantes me gusta escuchar la voces de los músicos que por algún motivo formaron parte de mi vida y  de mis recuerdos,  esta vez escogí a  Gene Pitney
De nuevo me dejé caer en el sillón, pero esta vez despacio, formando un ovillo con mi cuerpo, abrazándome a mi misma,  escuchando las notas que flotan en el aire, y me digo que quizá estoy desperdiciando demasiados cinco minutos de mi vida.
Y me pregunto si habrá alguna o algunas  personas que estén pronunciando las mismas palabras que yo.