lunes, 7 de noviembre de 2011

Algo que sucedió


Willy Ronis

Salí algo tarde del trabajo, estuvo lloviendo con la misma intensidad durante todo al día, de regreso a casa la oscuridad era ya absoluta. En estas fechas anochece muy temprano y apenas se ve gente por la calle.

Antes de salir y cerrar la puerta me abotoné la gabardina y cogí el paraguas. El tacón alto de las botas de piel negra,resonaban de una forma algo exagerada entre la oscuridad y el agua acumulada en el suelo, de pronto algo llamó mi atención. Me detuve por un momento y escuché unos pasos que se acercaban y que sonaban distintos a los míos. Eran algo mas sonoros y se escuchaban con mas fuerza.

Me asusté un poco. Se oyen tantas cosas…así que me mantuve quieta ante un escaparate que reflejaba mi figura y la del paseante anónimo que se acercaba cada vez más al punto donde me encontraba. Esperé a que me adelantara y cuando estaba algo alejado de mí reanudé mi camino.

Cuando llegué al final de la calle giré a la derecha y con gran sorpresa para mi allí estaba él, delante de mí caminando muy despacio.

Quise adelantarle, aligeré el paso, pero al cruzarme con él noté la tibieza de una mano que agarraba mi brazo, levanté la mirada, con los ojos y la boca abierta.

No sé cuanto tiempo permanecimos parados y silenciosos. Los dos con la misma mueca sonriente en el rostro. Uno frente al otro.

Pero recuerdo que me dijo “Creo que los dos vamos por el mismo camino”. No me incomodó. Sorprendentemente me equivoqué al pensar que durante todos aquellos meses en que diariamente coincidíamos a la hora y en el lugar del primer café del día yo era alguien invisible para él.

Ahora los pasos tenían el mismo sonido. Igual ritmo. Llevábamos el mismo camino, pero hasta ese día yo no lo sabía.