lunes, 18 de abril de 2011

Los enamoramientos.-Javier Marías


Los enamoramientos. Una obra de gran ambición literaria y que el autor describe así: "se trata de una historia sencilla y de una novela bastante menos sencilla, por no decir compleja, aunque mucho menos que Tu rostro mañana. Como el título indica, habla del estado de enamoramiento, considerado casi universalmente como algo positivo e incluso “redentor” a veces, tanto que ese estado parece justificar casi todas las cosas: las acciones nobles y desinteresadas, pero también los mayores desmanes y ruindades. Pero no sólo se habla de eso en Los enamoramientos también es un libro sobre la impunidad, y sobre la horrible fuerza de los hechos; sobre la inconveniencia de que los muertos puedan volver ”. Los enamoramientos es la primera novela de Javier Marías después de Tu rostro mañana, considerada por gran parte de la crítica nacional e internacional como la obra cumbre de su carrera literaria.

Pues ahí estoy, enganchada por completo a este libro, a ver si mañana lo termino y escribo mi opinión, de momento dejo algunos párrafos que he ido anotando, quizá luego quite, alguno no sé, ya veremos

Se convive sin problemas con mil misterios irresueltos que nos ocupan diez minutos por la mañana y a continuación se olvidan sin dejarnos escozor ni rastro.

Pág. 51

“Cuántos ratos eternos tendrá en que no sabrá cómo ayudar a avanzar el tiempo”, pensé, “Si es que se trata de eso, que no creo. Se espera a que transcurra el tiempo en la ausencia pasajera del otro- del marido, del amante-, y en la indefinida…

Cuando uno ha sido abandonado, se puede fantasear con un retorno, con que al abandonador se le hará la luz un día y volverá a nuestra almohada, incluso si sabemos que ya nos han sustituido y que está enfrascado en otra mujer, en otra historia, y que solo va a acordarse de nosotras si de pronto le va mal en la nueva, o si insistimos y nos hacemos presentes contra su voluntad

No queremos ser un recuerdo menguante sino una sombra inamovible que lo va a rondar y acechar siempre; y hacerle la vida imposible, y en realidad hacerlo odiarnos.

Pág. 62

Yo jamás había pensado los pensamientos de nadie, lo que pueda pensar otro, ni siquiera él, no es mi estilo, carezco de imaginación, mi cabeza b da para eso.

Pág. 71

Es muy aventurado meterse en la mente de alguien imaginariamente, luego cuesta salir a veces, supongo que por eso tan poca gente lo hace y casi todo el mundo lo evita …

Pág. 77

Quien dejó proyectos sin cumplir y palabras sin pronunciar para las que siempre creyó que habría tiempo más tarde, quien ya no pudo asistir; es él…

Pág. 98

Poner fin a una historia y regresar a un principio, al que sea, si se ve uno obligado, a la larga no resulta amargo. Aunque estuviera uno contento con lo que se ha acabado.

Pág. 115

Es la horrible fuerza del presente, que aplasta más el pasado cuánto más lo distancia , y además lo falsea sin que el pasado pueda abrir la boca, ni protestar ni contradecirlo ni refutarle nada. Y no hablemos ya de esos maridos o mujeres que no se atreven a abandonar al cónyuge, o que no saben cómo hacerlo, o que temen causarle demasiado daño…

Pág. 116

Lo que dura se estropea y acaba pudriéndose, nos aburre, se vuelve contra nosotros, nos satura, nos cansa. Cuántas personas que nos parecían vitales se nos quedan en el camino, cuántas se nos agotan y con cuántas se nos diluye el trato sin que haya aparente motivo ni desde luego uno de peso.

Pág, 136

¿Y cuál es el momento elegido? Nunca nos parece el momento justo, siempre pensamos que lo que nos gusta o alegra, lo que nos alivia o ayuda, lo que nos empuja a través de los días, podía haber durado un poco más, un año, unos meses, unas semanas…

Pág. 137

Como si todo él fuera boca besable, de ella procede la abundancia, de ella surge casi todo, lo que nos persuade y lo que nos aduce, lo que nos tuerce y lo que nos encanta, lo que nos succiona y lo que nos convence.

Pág. 138

El error de creer que el presente es para siempre, que lo que hay a cada instante es definitivo, cuando todos deberíamos saber que nada lo es, mientras nos quede un poco de tiempo.

Pág. 143

Y ya no sé si yo no hago lo mismo que él en cierto modo, confiar en hacérmele imprescindible sin que él se dé cuenta, lograr formar parte de sus costumbres, aunque sean esporádicas, para que le cueste sustituirme cuando decida abandonarme.

Pág. 148

Sí, todos somos remedos de gente que casi nunca hemos conocido, gente que no se acercó o pasó de largo en la vida de quienes ahora queremos, o que sí se detuvo pero se cansó al cabo del tiempo y desapareció sin dejar rastro o sólo la polvareda de los pies que van huyendo, o que se les murió a esos que amamos causándoles mortal herida que casi siempre acaba cerrándose.

No podemos pretender ser los primeros, o los preferidos, sólo somos lo que está disponible, los restos, las sobras…

Pág. 150