martes, 5 de abril de 2011

El mirador



…Al atardecer nos sentábamos cerca del mirador que hay en la casa, a lo lejos se divisaba algún barco de pasajeros, nos gustaba jugar a imaginar qué estaba sucediendo en el interior de los camarotes, también en la cubierta. Nos inventábamos personajes y situaciones. Contemplábamos el mar de fondo que unas veces estaba tranquilo, otras encrespado, pero siempre vivo y dicharachero.

Cuando me besaba, yo cerraba los ojos. Él se quejaba, decía que le gustaba verme con los ojos siempre abiertos, que necesitaba sentir mi mirada en él, encima de él. Yo reía y me burlaba, cariñosamente de sus palabras, entonces él pasaba su brazo sobre mis hombros y decía que cuando transcurrieran muchos años recordaríamos estos momentos.


Los días transcurrían de uniformidad camuflada, habitaban silencios acompasados con la música de Van Morrison, en aquellos momentos nada hacia presagiar lo que estaba a punto de acontecer…