domingo, 6 de febrero de 2011

El recuerdo

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Cuando vi el restaurante los recuerdos se agolparon en mi mente,cerré los ojos y retrocedí en el tiempo dejándome llevar hasta aquella lejana noche de invierno, después, continué conduciendo hasta la primera rotonda que encontré; di la vuelta y me dirigí hacia el aparcamiento. Detuve el coche. Dejé las llaves puestas en el contacto y bajé con la intención de entrar al local, quería comprobar si todavía seguía allí aquel rincón, la mesa siempre preparada para dos; pero no lo hice. Me quedé fuera dispuesta a guardar en el hueco de mi memoria el conjunto de imágenes y sensaciones que componen las horas compartidas en aquella noche.
Me mantuve quieta frente a la cristalera que da al interior, con los ojos muy abiertos retrocedí hasta aquella noche, recordando la euforia y las ganas de sabernos. El torbellino de la ilusión ante lo inesperado hizo que que rechazáramos la invitación  a la cena de amigos. No estaba bien. Lo sabíamos. Pero no nos importó los comentarios. Tampoco los reproches.
Ahora evoco aquellas horas en que nos hablábamos con los ojos, también con las manos y siempre mirándonos a los labios, tus gestos eran delicados, tus palabras fascinantes.
Por aquellos días pronunciar tu nombre me producía tal influjo que apenas conseguía balbucear pequeñas frases entrecortadas y sin sentido.
La ilusión suplía cualquier carencia anterior. Recordé el olor del perfume del domingo. Escuché desde la memoria la voz de Roberta Klack.
Y me alejé de ese lugar mientras un dolor punzante me dañaba el alma . 
En el pasado tú me diste vida. Hoy me la quitas. Sabe Dios hasta cuando no habrá descanso