miércoles, 1 de diciembre de 2010

Noches de insomnio


Bryan Larsen

Me gusta la noche porque es cuando mejor puedo saborear el silencio ; para ello me preparo poniendo todo mi empeño y ganas en que la habitación donde me encuentro esté como a mi me gusta, la música con el volumen muy bajito, casi susurrando, la luz tenue, la temperatura justa, porque me resulta algo asfixiante notar el calor artificial.Soy algo maniática en algunas cosas, supongo que como todos.
A esta hora me encuentro leyendo como cada noche, pero noto que hoy me cuesta mucho concentrarme en la lectura así que dejo el libro apoyado en el brazo del sillón; me ha dado por pensar en la casualidad, la suerte, el azar…me ha dado por pensar en qué fue lo que me llevó hasta ti. Que hizo que yo me fijara en ti, qué hizo que tú te fijaras en mí, y la verdad es que no encuentro respuesta alguna, quizá no la encuentro sencillamente porque no existe. Tampoco me importa demasiado
Estoy imaginando como me sentiría ahora si no te conociera, probablemente me encontraría por aquí leyendo un rato lo mismo que ahora, pero con la diferencia de que no estaría pensando en ti, en lo maravilloso y excitante que me resulta cuando me miras. Cuando nos miramos. Lo fácil y agradable que es sentir como el ambiente en que nos movemos rezuma de sensualidad.
También estoy recordando la primera vez que me fije en tu mirada, enseguida supe que había llegado la hora de bajar del tren, que era mi estación final.
Pienso ahora mismo en ti y en mí. Pienso en nosotros, en como somos, en qué vemos, en qué creemos, a dónde nos dirigimos. Y es que para mi eres algo grande, quizá lo más grande que me ha sucedido, no me importa que andes por ahí mezclado entre la gente; gente que posiblemente sea muy afín a ti. Gente que tratas en tu día a día. Nada de eso me importa siempre y cuando no encuentres en esas personas lo mismo que encuentras en mí, la complicidad que hemos conseguido sin esfuerzo alguno entre nosotros dos. Descubrí de ti algo que llevabas oculto y que solo yo se ver. Viste en mí algo que ni yo misma sabía que poseía.
Si no nos hubiésemos conocido supongo que seríamos los mismos exteriormente, pero al conocernos se produjo el cambio interior.
Reconozco que no podemos vivir en una burbuja hecha a nuestra medida y en la que solo hay cabida para nosotros dos.
Y se que con el tiempo podremos causarnos daño o decepción mutuamente, pero también podemos ofrecernos ilusión, alegría, deseo y mucho amor.