lunes, 6 de diciembre de 2010

James Joyce, de Richard Ellamnn


Querida tía Josephine:

He tardado mucho tiempo en responder a tus cartas, pero es que he estado muy ocupado. Ayer le mandé Dubliners a un editor. Tiene trece historias, de las cuales has leído todas excepto la tercera, Araby, y la última, “Grace”. También me ha disuadido de escribir el conocimiento de la voluminosa correspondencia que estaba teniendo lugar entre Stannie y una persona o personas desconocidas, y he estado esperando a [asegurarme] que me escuchen. Por otra parte, tengo pocas cosas que contarte. Imagino que debes de estar cansada de oír mis explícitas o implícitas quejas de mi vida actual, por lo que no voy a molestarte con otras nuevas en esta carta. No pienses por ello que me he resignado. De hecho estoy esperando nada más el pequeño cambio financiero que me permita cambiar de vida. Espero al menos que tal cosa ocurra en uno o dos años, y si no llega haré todo lo posible. He dudado antes de decirte que imagino que las relaciones entre Nora y yo están a punto de sufrir un pequeño cambio. Lo hago ahora sólo porque comprendo que no [eres] ese tipo de persona que comentará el asunto de los demás. Es posible que yo sea en parte culpable si un cambio como el que yo preveo tiene lugar, pero difícilmente será la culpa únicamente mía. Reconozco que soy una persona difícil de aceptar, pero tampoco tengo intención de cambiar. Nora no parece ver la diferencia alguna entre todos los demás hombres que ha conocido y yo , pero no veo cómo podría tener razón. Después de todo yo no soy exactamente un animal doméstico, soy un artista, y a veces, cuando pienso en la vida libre y dichosa que puedo (o pude) vivir gracias a todos los dones que poseo, tengo una crisis de desesperanza.
Al mismo tiempo, no deseo emular las atrocidades del marido medio, y voy a esperar hasta que vea más claro mi camino. Supongo que negarás con la cabeza viendo mi frialdad de corazón, la cual es probablemente una manera injusta de denominar una cierta perspicacia de carácter o de espíritu. No estoy muy seguro de que los miles de matrimonios que se mantienen dificultosamente unidos por el recuerdo de sentimientos ya muertos tengan derecho a acusarme de inhumanidad. A decir verdad, y aún a pesar de mi aparente egoísmo, estoy un poco cansado de hacer concesiones a la gente.
¿Podrías mandarme una crítique de algún periódico de Dublín sobre la novela de Moore E lago en la que aparece el padre O Gogarty? Espero que estés bien de salud.

4 de diciembre de 1905

Jim
James Joyce, de Richard Ellamnn