martes, 19 de octubre de 2010

Tarde de otoño


Después de comer, el hombre había estado dando un paseo por el monte cercano. Le gustaba la sensación de tibieza que proporcionaban los rayos de sol de esas tardes en las que el otoño ya apuntaba sus fríos, los aromas de humedad cercana y de las hojas caídas que ya comenzaban a descomponerse. Como era su costumbre, llevaba una cesta para ir recogiendo las abundantes setas que a lo largo de su camino iba encontrando.

Nada más regresar a la casa, se descalzó y, sirviéndose una copa de oporto, se arrellanó en el viejo sofá frente a la chimenea que previsoramente ya había dejado encendida, a la que simplemente tuvo que atizar un poco. Tomando entre sus manos el mando del equipo de música que estaba junto a él, lo puso en funcionamiento y, cerrando suavemente los ojos, se dejo llevar por pensamientos que entremezclaban sueños y realidades, mientras arrancaban las notas del piano...