lunes, 4 de octubre de 2010

Otro mundo


Y el hombre, le contó a la mujer este relato:

Vivían en otro mundo, en el que ambos eran los dos únicos habitantes. Nadie ajeno a él podría entender lo que compartían, las sensaciones, los sentimientos, los momentos que siempre tenían juntos.

Era un espacio de entrega total, de unión no sólo de dos cuerpos sino de todo lo que conforma a los seres humanos, lo material y lo inmaterial, lo vivido y lo soñado, el pasado, el presente y el futuro. Todo permanecía en suspenso y al vez impregnaba a la pareja.

Evidentemente, era necesario continuar en el otro mundo, el considerado real, sujetos a sus circunstancias, sus condicionamientos y sus obligaciones de toda índole. Pero aún estando en él, siempre tenían y sentían su "espacio propio", ajeno a las reglas de la lógica, pero que en definitiva era su mundo y el sentido de sus vidas.