viernes, 24 de septiembre de 2010

Paseo de septiembre


Septiembre sigue siendo unos de mis meses preferidos, la temperatura está siendo estos días muy agradable, así que esta tarde he decidido salir a dar un paseo por los alrededores de donde vivo. Al abrir la puerta de la casa, la que da al exterior he notado el suave impacto de la brisa fresca dejándose caer sobre mi rostro, no me ha importado dejarme acariciar por ella, pero antes de salir he cogido un chal de color azul que estaba preparado sobre un sillón de piel color marrón que hay a la entrada del salón, me lo he echado de forma descuidada sobre los hombros mientras cerraba la puerta dando un pequeño golpe seco, sin llave. En el camino, esparcidas por el suelo habían muchas hojas, unas estaban secas, otras tenían manchas entre verde oscuro y marrones. Mientras las pisaba me preguntaba desde donde habrían llegado, cual sería su procedencia y qué fuerza había hecho que llegaran hasta ahí. He pensado-lo he pensado porque me encanta ese ruidito que hacen las hojas secas al pisarlas- que ha sido alguna fuerza que me conoce bien y ha querido obsequiarme con ese pequeño, pero para mi, inmenso placer.

He caminado despacio sin un rumbo fijo, cuando salgo a esa hora no me pongo meta alguna, disfruto dejándome llevar por la magia del atardecer, así han ido transcurriendo las horas hasta que sin darme cuenta he entrado en un bosquecillo, me he sentido atraída por un olor característico que se respiraba en el aire. He intentado recordar cerrando los ojos, a veces, cuando no recuerdo algo que se es importante cierro los ojos durante unos instantes al mismo tiempo que respiro hondo y acostumbra a dar buen resultado, pero hoy no ha sido así, y por mucho que me esforzaba no he conseguido acertar olor y recuerdo

Había manzanos, tan llenos de fruta que alguna de ella, la que sobraba y las ramas no podían sostener a causa del peso había caído encontrándose esparcida por el suelo, me he quitado el chal a la vez que me agachaba y he empezado a recoger manzanas, no se el rato que he permanecido agachada,. De nuevo he sentido cerca muy cerca de mí el olor, también el peso de una mirada sobre mi espalda.

Al sentir esa presencia cercana y amada no he experimentado temor alguno, al contrario me ha invadido una felicidad extraña, extraña por lo extraordinaria, me sentía tan bien que temía levantarme por miedo a romper el hechizo del momento.

No ha sucedido nada de eso, he escuchado tu voz invitándome a sentarme a tu lado. Di un respingo por la sorpresa, quería regañarte por no haberme llamado antes, pero al verte allí sentado en el banco de madera que hay junto al pozo de la cabaña me he emocionado.

Tu mirada decía todo, me mirabas tan intensamente, tus ojos desprendían tanto brillo que fui incapaz de decir nada, me acerqué despacio hasta llegar a ti, te quité las gafas, te besé en la frente y en los ojos.
Es una manía eso de besarte los ojos, bueno es nuestra manía. Una de tantas bellas manías .Cogí el libro que estabas leyendo mientras me sentaba a tu lado, tu mano acariciaba mi cabello. Dices que te gusta el olor de mi cabello. Y mientras leí en voz alta un párrafo al azar del libro de Robert Walser:

"¿Somos todos nosotros tan sólo imágenes para nuestros muy estimados congéneres? A veces así me lo parece"

"El sol es un dibujante maravilloso. En lo tocante al arte, es un mago. Qué buen narrador. Refiere sus historias en el más impecable tono de salón."

Y esos párrafos me dejan pensativa, así que cierro el libro y ambos quedamos callados, escuchando lo que nos decimos en silencio. Te amo, lo sabes ¿verdad? pase lo que pase te amo.