domingo, 1 de agosto de 2010

Sonidos cómplices


Fotografía de Abelardo Morell

La noche posee sonidos propios, únicos y distintos a cualquier otro momento del día
por eso, en verano, me gusta dormir con la ventana abierta.
Tras asearme como cada noche, me deslizo en la cama entre las sábanas blancas de algodón
mientras espero a que el sueño se apodere de mi ellos me hablan entre susurros y silencios.
Yo les escucho y mientras lo hago sonrío al oír sus ocurrencias, cuando se dan cuenta de que estoy dormida desaparecen, salen por la ventana abierta de la misma forma que minutos antes entraron, a veces pienso que en realidad se trata de fantasmas de algún pasado lejano y desconocido, pero que por algún motivo que todavía no he llegado a comprender desean hacerme cómplice de ellos, a mi no me molesta en absoluto.
A esta hora de la noche el viento que entra es caliente, pero hacia la madrugada paso frío, a esa hora me levanto, cierro la ventana y corro los visillos.
Una vez más, pero siempre distinto