jueves, 12 de agosto de 2010

Una noche de agosto


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Desde hace años hago todo lo posible para no perderme el magnífico espectáculo que el cielo nos ofrece con esa lluvia de meteoritos, las Perseidas o Lágrimas de San Lorenzo. 

Durante años ha coincidido con mis días de vacaciones, eso contribuía a que estuviera mucho más relajada de lo que estoy generalmente. 

Recuerdo que tras la cena como cada noche nos preparábamos para el paseo nocturno, aunque esa noche lo hacíamos con un entusiasmo especial. 

También recuerdo que mientras transcurría todo yo permanecía subyugada y ensimismada durante un buen rato mientras ,miraba al cielo que se presentaba majestuosamente ante mi y al mismo tiempo el pensamiento viajaba a la velocidad de la luz con la ilusión de viajar a miles de kilómetros, porque siempre que presencio algo bonito me gusta hacerlo junto a la persona que amo, me gusta compartir esos momentos de magia y entusiasmo. 

Este año todo es distinto. No estoy de vacaciones. No estoy en el lugar del año pasado, ni del otro, tampoco del otro... 

Pero no importa, acudiré como siempre a mi cita anual.

Igual que siempre seré puntual aunque este año el que me acompañe y oiga mis palabras sin voz será el cielo que está en el mar, y desde tiempo inmemorable me he confesado al cielo que está en la montaña. 
El olor será distinto, pero el sentimiento será idéntico, el pensamiento también, porque de nuevo volveré a pensar en ti. Imaginaré que a esa hora tú estarás haciendo lo mismo que yo, y en algún momento, no importa cuando podremos conversar y explicarnos como transcurrió esa noche