martes, 20 de julio de 2010

Contraluz.-Thomas Pynchon



Por fin llegó a la ratonera que hacía las veces de despacho del Profesor Vanderjuicie, quien le esperaba con mirada solemne. Se levantó, le alcanzó una carta y Kit vio que traía noticias para las que no estaba preparado. El sobre estaba sellado en Denver, pero la fecha era ilegible, y alguien lo había abierto y había leído la carta.

Querida Kit:
Mamá me pidió que te escribiera para decirte que papá ha muerto. Cuentan que pasó en un lugar del McElmo. Y no fue por “causas naturales”. Reef trajo su cadáver y está enterrado en el cementerio de mineros de Telluride. Reef dice que no hace falta que vuelvas ahora mismo; Frank y él se encargarán de todo lo que haya que hacer. Mamá está siendo fuerte, dice que siempre supo que sucedería, con tantos enemigos como tenía allá donde fuera, que tenía los días contados, y cosas así.
Espero que estés bien y que algún día te volvamos a ver. Estudia mucho, no lo dejes e intenta no preocuparte demasiado por esto, porque sabremos hacer lo que hay que hacer.
Te echamos de menos.
Con cariño, tu hermana.
Lake


Kit se quedó mirando el sobre profanado, rajado con tan pocos desgarros que indicaba el uso de un abrecartas de escritorio de cierta calidad
Pág. 405
Contralu, de Thomas Pynchon