miércoles, 16 de junio de 2010

Una de mis calles






















Si hay algo que todos los pueblos tienen en común son algunos nombres de calles.

Calle Mayor y calle del Mar, son alguno de los nombres que más he oído.

Parte de mi niñez y adolescencia la pasé viviendo en una calle del mar, es una calle larga y estrecha, empieza en la plaza del ayuntamiento y finaliza en la estación de tren, es decir llega hasta el mar, y que cuando llueve (todavía hoy sucede) parece una calle de Venecia.

Nosotros, mis padres y mis hermanas, vivíamos en el número cinco en un segundo piso, por supuesto sin ascensor.

Y lo que mas recuerdo es el edificio de enfrente, era un hotel de una sola planta que abría sus puertas los meses de verano, el tejado está llena de nidos de golondrinas.

He vivido en distintas calles a lo largo de mi vida, pero ninguna me ha dejado tan buen recuerdo como esa.

Cuando voy a visitar a mis padres cada domingo me gusta pasear de nuevo por mi antigua calle, aunque mis padres ya no viven allí desde hace muchos años.

Supongo que fue la época en la que poco a poco me fui formando como persona adulta o vete tú a saber, pero el caso es que me acuerdo de todo, tanto de las personas como de las tiendas.

En la primera casa de la calle había una frutería, la llevaba una señora mayor y su hija solterona. Ahora en lugar de la frutería hay una inmobiliaria, en el local de abajo donde yo vivía había una tienda de discos en la que trabajaba una chica algo mayor que yo, el día de mi santo me regaló un libro de un autor que no había escuchado en mi vida el libro era Hamlet y fue mi primer libro “serio”, la verdad es que lo miré no se cuantas veces mientras pensaba “vaya churro me ha regalado ”mas tarde me di cuenta que gracias a ella me introduje en la literatura “seria”. Esa chica marchó a vivir a Madrid y no he sabido nada mas de ella. Una pena tanta despreocupación por mi parte. Siguiendo con la calle, recuerdo una tienda de comestibles, por supuesto tampoco existe, el hombre está trabajando en la gasolinera del pueblo, y todavía siempre que puedo voy a repostar gasolina allí porque me gusta saludarlo y a él le gusta saludarme a mí. En aquellos años era corriente comprar las cosas a granel, cada día al llegar del colegio mi madre me mandaba a comprar el pan y el vino para acompañar a la comida.

Si hago caso a lo que se dice ahora, mi madre cometía una imprudencia pues estaba provocando que me convirtiera en una alcohólica con los años. Menuda sandez.

Y así seguiría escribiendo durante rato y rato sobre mi antigua calle, pero sería extenderme demasiado.

Hablaría de la peluquería, la casa donde vivía mi profesora, la casa de mi amiga Esther y la sastrería de su padre, la casa de mi amiga Rosa y sus padres, ella era hija única y su padre era pescador, la casa de mi amiga María, sus padres tenían una pescadería y a mi me daba algo de asco el olor a pescado, siempre que iba a visitarla contenía la respiración un buen rato. Mi amigo Jofre, nos adorábamos mutuamente y éramos las personas mas distintas del mundo, es decir no teníamos nada en común ,pero pocas personas he visto que se llevaran tan bien como él y yo. El era muy alto, guapo, siempre llevaba jeans y camperas, y el cabello largo. Se casó muy joven y marchó a vivir fuera, por su trabajo viajaba constantemente, un día me avisaron de que tuvo un accidente de tráfico y murió en el acto.