domingo, 27 de junio de 2010

Música



Para mi, el olor y la música, son dos hilos transportadores hacia el pasado, ambos tienen el poder con tan solo cerrar o entornar los ojos de llevarme al momento y lugar donde aconteció algo importante de mi vida.

De olores entiendo algo de música poco, aunque anoche ambas cosas resultaron muy fáciles de comprender.
Me gusta el mar, bañarme en él, sentir esa sensación del agua fría mientras se va filtrando por cada poro de mi piel, y me encanta dar largos paseos por la orilla en ese punto justo donde rompen las olas, mientras cae el día y da paso al anochecer.

Hacia allí me dirigí ayer por la tarde tras disfrutar de un fantástico día de playa, y era tal mi embeleso que no me di cuenta de que la noche se me echaba encima, solo me percaté de ello cuando la humedad empezó a hacerse notar en mi piel algo enrojecida por el sol de la mañana.

Pensé en que era hora de volver a casa, pero no quise hacerlo siguiendo los mismos pasos , sino que preferí regresar dando un pequeño rodeo, tomando un camino distinto al que un rato antes me llevó hasta el pequeño embarcadero que hay en la cala.

Deseaba pasear durante unos minutos por los mismos jardines que un día recorrimos juntos, quise saber lo que sentiría al caminar por allí esta vez en solitario, sin escuchar más voces que la mía propia, una voz silenciosa, pero no por eso menos viva.

Mientras caminaba unas notas musicales llegaban a mi desde lejos, pero a cada paso que daba las oía más y más cercanas, y el olor del jazmín dejó paso al sonido mágico de la música, hasta mezclarse entre ellos.
Se oía una trompeta que gritaba llena de vida, un bajo que deseaba pasar desapercibido, un saxo que me llamaba por mi nombre y una batería que gritaba reclamando su parte de atención.

De pronto la percepción que tuve de lo que me rodeaba era distinta. El aire que respiraba se volvió más profundo y la humedad que subía del mar más densa.Todo me resultaba atractivo, embriagador y una fuerza interior, hasta ese momento desconocida para mi no me dejaba marchar.

Y allí me encontraba yo. Eran las diez de la noche, lo más probable es que estuvieran algo preocupados por mi, pero solo pensaba en quedarme, metida en el momento. Porque no se trataba de un momento cualquiera, sino de ese momento que todos protagonizamos alguna vez en la vida y que no tiene cabida ni sentido para nadie más que para nosotros. Ese momento que dejamos de ser para dar paso a sentir.

Ya era negra noche, pero allí me quedé.Y para recordar esta vez no hizo falta que cerrara los ojos, al contrario, los mantuve lo más abiertos posible, tan solo me dediqué a sentir. Dejándome llevar por tu presencia. Quieta, conteniendo la respiración, porque no quería romper la magia del momento.

No se que canciones tocaban los músicos, lo más probable es que fueran canciones de Miles Davis, pero no me atrevo a asegurarlo, de todos modos eso poco importa. Lo importante fue como me sentía yo. Como la emoción, fue avanzando hasta hacerme subir a la cúspide y al llegar a lo alto pude observar a los músicos tocando cada uno de ellos sus instrumentos, entre el mar, y el cielo. Al mismo tiempo que miraba buscando la misma estrella de siempre, y la encontré, por supuesto, porque ella también me busca a mi aunque anoche brillaba de una forma especial e inusual