sábado, 26 de junio de 2010

Leonid Andreiev


Escrito en 1909 y dedicado a Tolstoi, pretende señalar el horror y la iniquidad de la pena capital bajo cualquier circunstancia, pero acaso alcance un logro mucho mayor: penetrar con maestría y sencillez en el interior de cada una de las tragedias de siete revolucionarios condenados a morir, llevando sin concesiones al lector a una revelación, un estado de alumbramiento que sólo ofrecen las mejores obras de arte.
La edición se completa con una pieza breve del autor, Un pensamiento (1902); una obra temprana de Andreiev inspirada, en parte, en La caída de la casa Usher de Edgar Allan Poe, en la que un asesino reflexiona sobre sus actos, entre el delirio y una terrible lucidez.
La obra de Andreiev, llena de visiones oscuras, sensuales y horribles, genuina exploración de los aspectos más oscuros de la existencia humana, profecía alucinada de cataclismos inminentes, prefigura la mejor literatura del siglo XX y llega hasta nosotros luminosa e intacta..


Cinco terroristas y dos campesinos, en total siete personas que son condenadas a la horca. Los primeros por atentar con bombas y los segundos son presos comunes pero han cometido asesinato.
Mediante capítulos muy cortos el autor nos cuenta la historia de los condenados antes de cumplir la inminente condena
La mayor parte del libro transcurre dentro de la celda y a medida que van pasando los días y se acerca la hora de cumplir condena cada uno reacciona de distinta manera, pero en el fondo todos siente un miedo atroz a la muerte, para ellos una de las peores cosas es saber la hora y el día de la ejecución, vivir mientras transcurren las horas y sentir que a cada minuto que pasa queda menos para el final.

Es un libro no muy extenso pero su lectura es densa, pastosa y dura.
Me ha gustado como está escrito, pero me ha dejado un sabor de boca algo agridulce, y es que curiosamente aunque el libro esté escrito en el año 1909 todas las historias de los personajes son actuales.

Nunca había pensado sobre lo que era la muerte y para él la muerte no tenía ningún aspecto, pero ahora sintió con claridad, vio, sintió cómo había entrado en la habitación y lo buscaba palpando con las manos. Y para salvarse comenzó a correr por la habitación.
Pág 39

No había conceptos en su cerebro humano, ni palabras en su lengua humana que pudieran abarcar lo que había visto. Y las palabras <> resonaron en su interior únicamente porque no había otras palabras, no existían y no podían existir conceptos que correspondieran a este nuevo e inhumano estado.
Pág. 87


El segundo relato de este libro se titula El pensamiento, mediante nueve cartas el protagonista explica cómo un día decidió matar a su amigo Alexei y al mismo tiempo como fue maquinando la idea de salir impune del asesinato.

No he dejado ningún detalle de mi vida sin investigar. La he repasado entera. A cada paso que he dado, a cada pensamiento o palabra mía le he podido añadir su medida de locura y ésta aparecía en cada palabra, en cada pensamiento. Resultó, y esto era lo más sorprendente, que antes de esa noche ya me había venido a la mente la idea: “¿No estaré realmente loco?”, pero yo de alguna manera me había deshecho de este pensamiento, lo había olvidado.
Y una vez demostrado que estoy loco, ¿saben lo que he visto? Que no estoy loco, esto es lo que he visto. Escuchen por favor.
Pág. 193

Tengo la sensación de que dentro de mí se escondía un actor excepcional capaz de combinar la naturalidad del juego, que a veces llegaba a la total fusión con la cara personificada, con una constante y frío control mental. Incluso durante una lectura normal de un libro, penetraba completamente en la sicología del personaje descrito y, ¿se lo pueden creer?, siendo ya adulto vertí lágrimas cuando leí la Cabaña del tío Tom, ¡Qué sorprendente capacidad de la mente culta, refinada y flexible la de reencarnarse! Es como si vivieras mil vidas, tan pronto te adentras en las oscuridades del infierno como asciendes a las luminosas cimas, con un vistazo ves todo un mundo. Si el hombre está condenado a ser Dios su tronco es el libro…
Pág. 150

Leonid Nikoláievich Andréiev; Orel, 1871 - Kuokkala, 1919) Escritor ruso. Fue, como narrador y como dramaturgo, uno de los más característicos escritores rusos de finales del siglo XIX y comienzos del XX. Licenciado en Derecho (1897) en Moscú, se pasó al campo literario precisamente en el momento en que se dibujaba el éxito de Gorki y fue, a pesar de su amistad personal, el rival más calificado de éste, manteniéndose durante algún tiempo en un extraño equilibrio entre las dos corrientes predominantes, la del realismo, de la que Gorki era el máximo exponente, y la más compleja y confusa del simbolismo.
Los siete ahorcados, de Leonid Andreiev