miércoles, 30 de junio de 2010

Luis Rosales


No hay noche, no hay luna, no
hay sol cuando estoy contigo,
tiemblo de quererte tanto,
tiemblo de sentirme vivo,

tiemblo de saber que un día
la espuma se lleva al río,
y en el corazón del hombre
se lleva al tiempo el olvido.

No hay luz, no hay jardín, no hay
noche de otoño contigo,
¡quisiera que se acortara
el tiempo cuando te miro!

contigo para perderme,
para salvarme contigo,
contigo, Abril, para siempre
por los siglos de los siglos.

Extracto del poema Contigo

martes, 29 de junio de 2010

Sintonía


Suelo fijarme en las personas que a lo largo del día se cruzan en mi camino, observo las joyas que llevan, el bolso, los zapatos y sobre todo me llama la atención qué sintonia suena en su móvil cuando reciben una llamada.

Y me pregunto que les ha hecho elegir ese sonido o esa música. Supongo que el hecho de escogerla es que les trae buenos recuerdos de algún momento divertido o importante en el transcurso de su vida y llevar consigo esa música es una forma de no perder el contacto con tal vivencia.

Entonces me hago la pregunta de porqué yo llevo mi móvil silenciado. Y me extraña, porque como todo el mundo en mi vida también hay momentos memorables, divertidos y dignos de recordar…qué cosas mas raras.
Aunque claro también puede darse el caso que la rara sea yo. A ver si van a tener razón esas personas que alguna vez ya me han calificado de esta forma.

lunes, 28 de junio de 2010

Roy Orbison : California Blue

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Tras una buena comida y un ratito de agradable lectura las cosas se ven distintas, y poco a poco el engranaje se pone en movimiento

Liberarse





















Hay días que a simple vista no tienen nada de especial ni son distintos a otros días.
Son días que lo mismo que otros días te levantas por la mañana, sales a trabajar, te encuentras con las mismas personas...pero por algún motivo que no acierto a distinguir se apodera de mi una desagradable sensación de asfixia.
Y me da por pensar en lo necesitados que estamos de una buena dosis de humildad
Y me da por pensar en lo sobrados que estamos de soberbia
También me da por pensar en lo mal que canalizamos nuestra energía
Y mantengo conmigo misma una conversación introspectiva en el que hago repaso a las personas con las que debo estar agradecida.
Y entonces me da por comprobar que nada funciona como debería funcionar
Y compruebo que el día; mi día irremediablemente se estropea, total porque hoy me he levantado pensando en que tengo que pensar.
Y solamente consigo algo de consuelo imaginando que me encuentro en el lugar de la fotografía, que he puesto en esta entrada.

domingo, 27 de junio de 2010

Música



Para mi, el olor y la música, son dos hilos transportadores hacia el pasado, ambos tienen el poder con tan solo cerrar o entornar los ojos de llevarme al momento y lugar donde aconteció algo importante de mi vida.

De olores entiendo algo de música poco, aunque anoche ambas cosas resultaron muy fáciles de comprender.
Me gusta el mar, bañarme en él, sentir esa sensación del agua fría mientras se va filtrando por cada poro de mi piel, y me encanta dar largos paseos por la orilla en ese punto justo donde rompen las olas, mientras cae el día y da paso al anochecer.

Hacia allí me dirigí ayer por la tarde tras disfrutar de un fantástico día de playa, y era tal mi embeleso que no me di cuenta de que la noche se me echaba encima, solo me percaté de ello cuando la humedad empezó a hacerse notar en mi piel algo enrojecida por el sol de la mañana.

Pensé en que era hora de volver a casa, pero no quise hacerlo siguiendo los mismos pasos , sino que preferí regresar dando un pequeño rodeo, tomando un camino distinto al que un rato antes me llevó hasta el pequeño embarcadero que hay en la cala.

Deseaba pasear durante unos minutos por los mismos jardines que un día recorrimos juntos, quise saber lo que sentiría al caminar por allí esta vez en solitario, sin escuchar más voces que la mía propia, una voz silenciosa, pero no por eso menos viva.

Mientras caminaba unas notas musicales llegaban a mi desde lejos, pero a cada paso que daba las oía más y más cercanas, y el olor del jazmín dejó paso al sonido mágico de la música, hasta mezclarse entre ellos.
Se oía una trompeta que gritaba llena de vida, un bajo que deseaba pasar desapercibido, un saxo que me llamaba por mi nombre y una batería que gritaba reclamando su parte de atención.

De pronto la percepción que tuve de lo que me rodeaba era distinta. El aire que respiraba se volvió más profundo y la humedad que subía del mar más densa.Todo me resultaba atractivo, embriagador y una fuerza interior, hasta ese momento desconocida para mi no me dejaba marchar.

Y allí me encontraba yo. Eran las diez de la noche, lo más probable es que estuvieran algo preocupados por mi, pero solo pensaba en quedarme, metida en el momento. Porque no se trataba de un momento cualquiera, sino de ese momento que todos protagonizamos alguna vez en la vida y que no tiene cabida ni sentido para nadie más que para nosotros. Ese momento que dejamos de ser para dar paso a sentir.

Ya era negra noche, pero allí me quedé.Y para recordar esta vez no hizo falta que cerrara los ojos, al contrario, los mantuve lo más abiertos posible, tan solo me dediqué a sentir. Dejándome llevar por tu presencia. Quieta, conteniendo la respiración, porque no quería romper la magia del momento.

No se que canciones tocaban los músicos, lo más probable es que fueran canciones de Miles Davis, pero no me atrevo a asegurarlo, de todos modos eso poco importa. Lo importante fue como me sentía yo. Como la emoción, fue avanzando hasta hacerme subir a la cúspide y al llegar a lo alto pude observar a los músicos tocando cada uno de ellos sus instrumentos, entre el mar, y el cielo. Al mismo tiempo que miraba buscando la misma estrella de siempre, y la encontré, por supuesto, porque ella también me busca a mi aunque anoche brillaba de una forma especial e inusual

sábado, 26 de junio de 2010

Leonid Andreiev


Escrito en 1909 y dedicado a Tolstoi, pretende señalar el horror y la iniquidad de la pena capital bajo cualquier circunstancia, pero acaso alcance un logro mucho mayor: penetrar con maestría y sencillez en el interior de cada una de las tragedias de siete revolucionarios condenados a morir, llevando sin concesiones al lector a una revelación, un estado de alumbramiento que sólo ofrecen las mejores obras de arte.
La edición se completa con una pieza breve del autor, Un pensamiento (1902); una obra temprana de Andreiev inspirada, en parte, en La caída de la casa Usher de Edgar Allan Poe, en la que un asesino reflexiona sobre sus actos, entre el delirio y una terrible lucidez.
La obra de Andreiev, llena de visiones oscuras, sensuales y horribles, genuina exploración de los aspectos más oscuros de la existencia humana, profecía alucinada de cataclismos inminentes, prefigura la mejor literatura del siglo XX y llega hasta nosotros luminosa e intacta..


Cinco terroristas y dos campesinos, en total siete personas que son condenadas a la horca. Los primeros por atentar con bombas y los segundos son presos comunes pero han cometido asesinato.
Mediante capítulos muy cortos el autor nos cuenta la historia de los condenados antes de cumplir la inminente condena
La mayor parte del libro transcurre dentro de la celda y a medida que van pasando los días y se acerca la hora de cumplir condena cada uno reacciona de distinta manera, pero en el fondo todos siente un miedo atroz a la muerte, para ellos una de las peores cosas es saber la hora y el día de la ejecución, vivir mientras transcurren las horas y sentir que a cada minuto que pasa queda menos para el final.

Es un libro no muy extenso pero su lectura es densa, pastosa y dura.
Me ha gustado como está escrito, pero me ha dejado un sabor de boca algo agridulce, y es que curiosamente aunque el libro esté escrito en el año 1909 todas las historias de los personajes son actuales.

Nunca había pensado sobre lo que era la muerte y para él la muerte no tenía ningún aspecto, pero ahora sintió con claridad, vio, sintió cómo había entrado en la habitación y lo buscaba palpando con las manos. Y para salvarse comenzó a correr por la habitación.
Pág 39

No había conceptos en su cerebro humano, ni palabras en su lengua humana que pudieran abarcar lo que había visto. Y las palabras <> resonaron en su interior únicamente porque no había otras palabras, no existían y no podían existir conceptos que correspondieran a este nuevo e inhumano estado.
Pág. 87


El segundo relato de este libro se titula El pensamiento, mediante nueve cartas el protagonista explica cómo un día decidió matar a su amigo Alexei y al mismo tiempo como fue maquinando la idea de salir impune del asesinato.

No he dejado ningún detalle de mi vida sin investigar. La he repasado entera. A cada paso que he dado, a cada pensamiento o palabra mía le he podido añadir su medida de locura y ésta aparecía en cada palabra, en cada pensamiento. Resultó, y esto era lo más sorprendente, que antes de esa noche ya me había venido a la mente la idea: “¿No estaré realmente loco?”, pero yo de alguna manera me había deshecho de este pensamiento, lo había olvidado.
Y una vez demostrado que estoy loco, ¿saben lo que he visto? Que no estoy loco, esto es lo que he visto. Escuchen por favor.
Pág. 193

Tengo la sensación de que dentro de mí se escondía un actor excepcional capaz de combinar la naturalidad del juego, que a veces llegaba a la total fusión con la cara personificada, con una constante y frío control mental. Incluso durante una lectura normal de un libro, penetraba completamente en la sicología del personaje descrito y, ¿se lo pueden creer?, siendo ya adulto vertí lágrimas cuando leí la Cabaña del tío Tom, ¡Qué sorprendente capacidad de la mente culta, refinada y flexible la de reencarnarse! Es como si vivieras mil vidas, tan pronto te adentras en las oscuridades del infierno como asciendes a las luminosas cimas, con un vistazo ves todo un mundo. Si el hombre está condenado a ser Dios su tronco es el libro…
Pág. 150

Leonid Nikoláievich Andréiev; Orel, 1871 - Kuokkala, 1919) Escritor ruso. Fue, como narrador y como dramaturgo, uno de los más característicos escritores rusos de finales del siglo XIX y comienzos del XX. Licenciado en Derecho (1897) en Moscú, se pasó al campo literario precisamente en el momento en que se dibujaba el éxito de Gorki y fue, a pesar de su amistad personal, el rival más calificado de éste, manteniéndose durante algún tiempo en un extraño equilibrio entre las dos corrientes predominantes, la del realismo, de la que Gorki era el máximo exponente, y la más compleja y confusa del simbolismo.
Los siete ahorcados, de Leonid Andreiev

jueves, 24 de junio de 2010

Walt Witman


El que camina un minuto sin amor,
Camina amortajado hacia su propio funeral.

miércoles, 23 de junio de 2010

Miedo


Cuando era niña sentía miedo a la oscuridad. Recuerdo cuando visitaba a mi abuelo, su casa era enorme. El sabía de mis miedos a aquellos cuartos de paredes encaladas y techos altísimos, pero aún así no había día que no me enviara a buscar algo. Cualquier excusa era buena para pedirme que subiera arriba y le trajera alguna cosa que según él necesitaba y había olvidado. Yo subía las escaleras de dos en dos canturreando y corriendo intentando disimular. A toda prisa buscaba primero con la vista hasta dar con el objeto que me había pedido y que él tranquilamente esperaba abajo, sentado en una mecedora de mimbre.De vez en cuando giraba la cabeza hacia atrás, porque tenía la sensación de que además de mi alguien mas se paseaba por la habitación.
También recuerdo mis miedos nocturnos, sobre todo cuando me dio por leer a Edgar Allan Poe,me acostumbré a leer por la noche en la cama antes de dormir y lo pasaba fatal, pero la fascinación que sentía hacia ese autor era tal que no podía ni quería dejar de leerle. Cuando terminaba el capítulo que aquella noche tocaba apagaba la luz y escondía la cabeza bajo la almohada.
Aquello ya pasó. No siento miedo cuando leo a Poe o Lautremont, tampoco siento miedo a la oscuridad de una habitación, pero los miedos no han desaparecido, simplemente han cambiado de y aquellos miedos infantiles han dado paso a miedos de adultos y si queréis que os diga la verdad no se cual es peor.

martes, 22 de junio de 2010

vete los amaya

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Me encanta.Hoy la he escuchado mientras conducía, y no me la quito de la cabeza, hay que ver.
Me pone de buen humor.

Conversando mientras desayuno


A las ocho de la mañana me llamó avisándome que había llegado a la estación de Sants de Barcelona, ahora subía al tren de cercanías y a las nueve de la mañana estaría aquí. Quedamos en encontrarnos en la estación, opté por darme una ducha rápida y vestirme con ropa cómoda, me dirigí al garaje en busca del coche, pero antes de llegar a la puerta recibí otra llamada, era ella que me estaba esperando, por lo visto me entretuve más de la cuenta arreglándome.

Dijo que no me preocupara, me esperaría en la acera, y así me ahorraría el tener que salir a la carretera y llegar a la estación.

Efectivamente, allí estaba sonriente y feliz con la mano levantada, quité las llaves del contacto y salí del coche, yo también levantaba la mano mientras la llamaba por su nombre. Nos abrazamos, y nos dijimos cuatro palabras sin mucho sentido pero divertidas.

Nos fuimos a una cafetería a desayunar. Para mi pedí zumo de naranja, café solo (no tomo jamás café solo pero el sábado me apetecía) y un cruasán. A ella le gusta desayunar un “mini” de jamón y un café con leche en vaso y sin espuma.

Nos acomodamos de cualquier manera en una de las mesas que vimos desocupadas y las palabras empezaron a salir solas, de forma desordenada. Mira qué camiseta me he comprado. Sí ya veo que es nueva, me gusta. Pues a mi me gusta tu camisa.

Por cierto acabo de leer el Gran Gastby, gracias por recomendarlo.

Sí, es una historia muy bonita. Me gusta Daisy, pues a mi Gatsby me fascina, su historia. Si bueno yo sentí algo de pena por su padre.

Y oye, ¿leíste el libro y luego te interesaste por la película?

No, qué va!, la película la vi hace muchos años, el libro lo leí porque Murakami lo nombra en Tokios Blues.

Ah vale, entiendo, bueno ya sabes que yo no pude terminar ese libro.

Oye…y porqué dices que no te gusta Mi madre de Richard Ford?, Bueno verás, no es que no me guste, pero esperaba otra cosa de él, ha escrito libros fantásticos.

¿Ah sí? Pues dime un título que quiero seguir con él.

Lee Acción de gracias o quizá El periodista deportivo y ya me contarás.

Bueno, en cierto modo te entiendo que no te guste excesivamente Mi madre, y lo entiendo porque a mi me sucede algo parecido, creo que sin darme cuenta lo comparo con El libro de mi madre de Albert Cohen, ese si es un gran libro…

Claro, que sí, es un libro que llega al alma, bueno, a mí me llegó al alma.

Si, si tienes razón, es qué donde esté la literatura europea…es muy distinta a la literatura americana ¿verdad? Por supuesto, bueno ya sabes son tipos de literaturas muy distintas, pero dentro de la literatura europea también hay distinciones dependiendo de que parte sea. Si, es verdad. Yo me quedo con la europea del este. Bueno no olvides a los rusos ¿eh?

De acuerdo, en el próximo viaje me llevaré algunos de tus rusos.

De acuerdo, por cierto me gustó que me llamaras para decirme lo que representó para ti leer El Extranjero de Camus, y me gustó todavía más que siguieras con todos sus libros.

Fue un gran descubrimiento gracias a ti, algo parecido me pasó con Rilke, ¿te acuerdas?

Sí, claro que me acuerdo, lo mismo que te sucedió con Nabokov.

Claro, Lolita es uno de mis libros de cabecera, pero Historia de la Literatura Europea me está costando un poco ¿has comprado el último libro suyo publicado por Anagrama?

No, ni creo que lo compre, no me da buena espina.

Vaya...

Bien. Y dime, has decidido que harás el próximo septiembre?

Pues la verdad es que no, estoy hecha un lío.


lunes, 21 de junio de 2010

Escribiendo la noche



La noche envolvía la habitación apenas iluminada por una lámpara sobre la mesa de trabajo; el hombre que estaba sentado frente a ella, abrió con delicadeza la pluma estilográfica, alineó milimétricamente el bloque de cuartillas blancas, e inclinándose levemente comenzó a escribir.

Se agita la noche, mueve sentimientos,
el deseo despierta, añoro tu cuerpo,
quisiera esta noche compartir tu cama,
desnudos fundirnos en abrazo ansiado,
olernos, tocarnos, sentirnos las pieles.

Se detuvo un instante, releyó los versos recién escritos y cerrando los ojos permaneció durante unos momentos inmóvil. Bajo la tenue luz, con un silencio que casi se podía escuchar, la imagen del hombre era la de alguien ajeno a todo lo que le rodeaba, no quedaba la menor duda de que se encontraba muy lejos de allí, seguramente pensando en la persona a la que irían destinadas sus palabras.

Con un leve suspiro y un temblor apenas perceptible, pareció volver en si, y con una apenas dibujada sonrisa continuó escribiendo.

Notaremos juntos las mil sensaciones
que tanto anhelamos,
quisiera dormirme dentro de ti amada,
sintiendo tus brazos,
piernas enlazadas. las bocas pegadas.

Nuevamente volvió a dejar la pluma sobre la hoja en la que estaba escribiendo, parecía agitado, no podía ocultar que la ausencia de la amada, la necesidad de tenerla con él, el deseo, no le dejaba concentrarse. Se levantó, dio unos paseos por la habitación y finalmente se asomó a la ventana. Fuera, la luna brillaba en todo su esplendor, pero ignorándola, dirigió su mirada a las estrellas hasta descubrir una en concreto a la que se quedó mirando sin pestañear.

Después de un buen rato contemplándola, regresó a la mesa y tomó la cuartilla escrita entre sus manos, la acerco a sus labios y, tras depositar un beso sobre ella, la rompió en pequeños pedazos. Ahora, una sonrisa abierta iluminaba su rostro.

domingo, 20 de junio de 2010

Max Blecher














Corazones cicatrizados es una novela sobre el sufrimiento humano. En ella, Blecher traslada su experiencia existencial durante el tiempo en que estuvo internado en el sanatorio de Berck, en la costa francesa del canal de la Mancha. Es una obra llena de lucidez, sobriedad, autenticidad y fuerza emocional. No se trata de un libro lacrimógeno sino de la realidad cruda; no del sufrimiento físico, sino del moral, del anímico. El personaje central es un alter ego del autor que acepta lo trágico de su situación pero sin dejarse abrumar por la crueldad implacable de su destino. El sufrimiento del protagonista es un sufrimiento colectivo. De todos los internados en el sanatorio, ninguno se deja desmoralizar por su trágica existencia; al contrario, todos están llenos de una impresionante ansia de vida, tratan de vivir, inmovilizados en sus camillas, dentro de un caparazón de yeso, como seres sanos: hacen amigos, se enamoran e incluso organizan juergas nocturnas. En este libro, Blecher presenta una variedad tipológica de los personajes que pueblan el sanatorio, con sus distintos temperamentos y caracteres. De esta novela dijo el escritor Mihail Sebastian que «penetra en las zonas más complejas del alma y nos las da a conocer con precisión analítica», y sorprende la extraordinaria fuerza expresiva con que el protagonista exterioriza su angustia interior.



















Después de tener el libro tanto tiempo en casa hoy por fin lo he leído.
Todavía no se si me ha gustado o no, es un libro muy duro pero al mismo tiempo optimista, es decir que los enfermos del sanatorio llevan (o lo intentan) una vida normal. Emanuel lleva un corsé de escayola le tapa medio cuerpo de la parte superior, aun así no se priva de sus paseos por el pueblo, por la playa. Incluso se enamora y aunque él como los otros enfermos no pueden moverse, pues deben reposar completamente inmóviles en sus camillas celebran fiestas nocturnas, donde no falta alcohol, cigarrillos y música.

Emanuel siente unos terribles dolores de espalda, se dirige a la consulta del doctor Bertrand, para realizar las pruebas necesarias que determinen su enfermedad, tras diagnosticarle una tuberculosis le indica que debe ingresar en el sanatorio de Berck, una pequeña población de Francia.
Emmanuel es un joven rumano que reside en París realizando sus estudios. Al conocer la noticia su padre inicia los trámites para su ingreso, así que toman un tren que les llevará directamente al lugar.

En las primeras páginas del libro hay un párrafo, donde Emanuel está tiritando de frío mientras espera el turno para hacerle unas placas, él durante esos minutos hace referencia a un ratón que se paseaba por su habitación de estudiante, Emanuel puso una trampa con un trocito de queso, él ahora recuerda que se siente igual de asustado que el ratón.

Al regresar a su habitación de la pensión Emanuel piensa en lo que le ha ido ocurriendo a lo largo del día:

Comenzó a desnudarse. ¿Cuántas veces se había desnudado aquel día? Se acordó de un inglés que se había suicidado y había dejado una nota : “Demasiados botones que abrochar y desabrochar toda la vida.” Ahora por tercera vez, se tendió en la cama. La portera lo importunaba constantemente con preguntas. Colette era una muchacha sencilla y lisa como una hoja de papel…

Trató de leer pero no entendió nada; los libros estaban escritos para otra luz; ningún libro del mundo podía llenar el vacío inmenso de un día tibio e íntimo de tedio y sufrimiento. Aquella era la tristeza ineluctable de los días de enfermedad…
Al llegar al sanatorio la imagen es grotesca:

¿Qué sombría muerte había realizado con elementos reales un cuadro tan doloroso, fantástico y demencial? En una novela sensacionalista, un escritor había imaginado una reina pérfida y caprichosa que momificaba a sus amantes y los conservaba en ataúdes en una sala circular. ¿Y qué era la pálida visión del escritor comparada con la realidad atroz de aquel comedor con personas vivas, y sin embargo muertas, incrustadas en posturas rígidas, tendidas y momificadas mientras palpitaban todavía de vida?

Mientras se instala en la habitación que le asignan en el sanatorio Emanuel empieza a darse cuenta de su realidad:

Emanuel, al quedarse solo, experimentó una breve vacilación. Ahora se hallaba ante una vida desconocida y terrible. ¿Qué había de hacer? ¿Qué iba a ocurrirle? Hay momentos simples en la realidad, momentos banales de soledad, en todas partes, en la calle, cuando de repente el aspecto del mundo cambia y cobra bruscamente un nuevo significado, más duro y agobiante.
Pero también llega el amor y a pesar de las limitaciones hacen realidad el placer, el sexo y la sensualidad, y ambos siente placer mutuamente:

Emanuel acostaba a Solange en la camilla a su lado, la tenía pegada a él, luego se retorcía y la aplastaba bajo el cuerpo y la escayola. Como ya se había habituado al corsé, hacía muchos movimientos que antes no había creído posibles. Solange gemía levemente de placer y del peso que soportaba. A veces, la escayola se le metía entre los muslos y ella sentía el dolor mezclado con el éxtasis amoroso…

Corazones cicatrizados, de Max Blecher

Términos


Te quiero demasiado

No te quiere bien

Son términos que escucho a menudo, pero que no comparto ni entiendo.

Qué es querer demasiado?

Cómo se hace para querer mal.

No cabe en mi mente esa idea. Querer a alguien, amar a esa persona especial que se ha cruzado en nuestro camino, es un sentimiento que nace por iniciativa propia desde el corazón por lo tanto es un sentimiento noble y puro.

No querer bien es lo contrario a amar.

Y cuando estamos enamorados nunca queremos demasiado. Amamos a esa persona con todas nuestras fuerzas y lo hacemos de la única forma que sabemos.

Pasamos de ser a sentir, y por mucho que nos empeños en decir que amamos sin esperar nada a cambio yo no me lo creo porque siempre esperamos recibir por lo menos en la misma medida que damos..


viernes, 18 de junio de 2010

Aquellas vacaciones

















Hoy he comido en casa de Elena, ella es mi hermana pequeña. Elena tiene dos hijos de siete y tres años respectivamente, Hugo y Paula. La comida ha resultado muy animada, ya se sabe que donde hay niños la diversión y las risas están aseguradas.

Esta noche celebran la fiesta de fin de curso porque el martes finalizan las clases. Mi hermana me ha contado que lo tiene todo coordinado para las vacaciones, clases natación y otras actividades, cada día de nueve de la mañana hasta la una del medio día. Es la única forma de combinar con el horario de trabajo de ella y su esposo.
He pensado en lo distinto que es todo hoy desde que yo iba colegio. A mi me tocó vivir la feliz época en que los niños jugábamos en la calle. Nos pasábamos horas y horas al aire libre. Vacaciones y verano era sinónimo de risas y felicidad, todo mezclado con sabor a sal del mar.

En la calle siempre nos juntábamos los mismos, recuerdo que solamente en casa de uno de los chicos tenían televisión y allí nos reuníamos todos. Cuando empezaba la programación infantil su madre nos avisaba, llevábamos el bocadillo que nuestras madres nos habían preparado con antelación y todos permanecíamos sentados en el suelo en silencio mientras comíamos, escuchábamos y mirábamos, al terminar el programa y aunque el sol había dado paso a la luna de nuevo estábamos un rato más jugando en la calle, apurábamos y aprovechábamos el día y la noche al máximo, hasta que nuestras nos llamaban porque era hora de ir a dormir.

Era días que regaban las calles por la mañana muy temprano y al anochecer. Días que las estrellas brillaban de una forma extraordinaria. Días que el sol y la brisa del mar nos acariciaba suavemente hasta hacernos sentir su abrazo.

Eran días de juegos y despreocupación. Días en que mi padre se pasaba mil horas trabajando, de sol a sol. Días de recuerdos de domingos por la mañana en las que mi madre nos vestía a mi hermana y a mí con el mejor vestido de domingo. Días de copas de helado de tres bolas, chocolate, vainilla y fresa y que saboreamos toda la familia sentados en una terraza al aire libre. Días de sardanas. Y de fiesta mayor. Y también de hogueras y fuegos artificiales. Noches que al meterme en la cama caía rendida, agotada por el juego, pero que cerraba los ojos con una gran sonrisa al notar el beso que mi madre depositaba en mi mejilla con la luz apagada.

Y mientras estoy escribiendo me digo a mi misma que soy una persona muy afortunada, porque yo no elegí a mis padres pero he tenido la gran suerte de que ellos sí me han elegido a mí y jamás por muchos años que viva les podré devolver todo la que han hecho por mi, pero sí puedo felicitarles por haber hecho tan buen trabajo.

Mi matemática

















Uno más uno son uno
Dos son uno
Uno son dos
Resultados deseados
Matemáticas inexactas
Imperfectas,como las personas

miércoles, 16 de junio de 2010

Una de mis calles






















Si hay algo que todos los pueblos tienen en común son algunos nombres de calles.

Calle Mayor y calle del Mar, son alguno de los nombres que más he oído.

Parte de mi niñez y adolescencia la pasé viviendo en una calle del mar, es una calle larga y estrecha, empieza en la plaza del ayuntamiento y finaliza en la estación de tren, es decir llega hasta el mar, y que cuando llueve (todavía hoy sucede) parece una calle de Venecia.

Nosotros, mis padres y mis hermanas, vivíamos en el número cinco en un segundo piso, por supuesto sin ascensor.

Y lo que mas recuerdo es el edificio de enfrente, era un hotel de una sola planta que abría sus puertas los meses de verano, el tejado está llena de nidos de golondrinas.

He vivido en distintas calles a lo largo de mi vida, pero ninguna me ha dejado tan buen recuerdo como esa.

Cuando voy a visitar a mis padres cada domingo me gusta pasear de nuevo por mi antigua calle, aunque mis padres ya no viven allí desde hace muchos años.

Supongo que fue la época en la que poco a poco me fui formando como persona adulta o vete tú a saber, pero el caso es que me acuerdo de todo, tanto de las personas como de las tiendas.

En la primera casa de la calle había una frutería, la llevaba una señora mayor y su hija solterona. Ahora en lugar de la frutería hay una inmobiliaria, en el local de abajo donde yo vivía había una tienda de discos en la que trabajaba una chica algo mayor que yo, el día de mi santo me regaló un libro de un autor que no había escuchado en mi vida el libro era Hamlet y fue mi primer libro “serio”, la verdad es que lo miré no se cuantas veces mientras pensaba “vaya churro me ha regalado ”mas tarde me di cuenta que gracias a ella me introduje en la literatura “seria”. Esa chica marchó a vivir a Madrid y no he sabido nada mas de ella. Una pena tanta despreocupación por mi parte. Siguiendo con la calle, recuerdo una tienda de comestibles, por supuesto tampoco existe, el hombre está trabajando en la gasolinera del pueblo, y todavía siempre que puedo voy a repostar gasolina allí porque me gusta saludarlo y a él le gusta saludarme a mí. En aquellos años era corriente comprar las cosas a granel, cada día al llegar del colegio mi madre me mandaba a comprar el pan y el vino para acompañar a la comida.

Si hago caso a lo que se dice ahora, mi madre cometía una imprudencia pues estaba provocando que me convirtiera en una alcohólica con los años. Menuda sandez.

Y así seguiría escribiendo durante rato y rato sobre mi antigua calle, pero sería extenderme demasiado.

Hablaría de la peluquería, la casa donde vivía mi profesora, la casa de mi amiga Esther y la sastrería de su padre, la casa de mi amiga Rosa y sus padres, ella era hija única y su padre era pescador, la casa de mi amiga María, sus padres tenían una pescadería y a mi me daba algo de asco el olor a pescado, siempre que iba a visitarla contenía la respiración un buen rato. Mi amigo Jofre, nos adorábamos mutuamente y éramos las personas mas distintas del mundo, es decir no teníamos nada en común ,pero pocas personas he visto que se llevaran tan bien como él y yo. El era muy alto, guapo, siempre llevaba jeans y camperas, y el cabello largo. Se casó muy joven y marchó a vivir fuera, por su trabajo viajaba constantemente, un día me avisaron de que tuvo un accidente de tráfico y murió en el acto.

La Quinta estación

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martes, 15 de junio de 2010

Angel Gonzalez

















Así,
en ti me quedo,
paseo largamente tus piernas y tus brazos,
asciendo hasta tu boca, me asomo
al borde de tus ojos,
doy la vuelta a tu cuello,
desciendo por tu espalda,
cambio de ruta para recorrer tus caderas,
vuelvo a empezar de nuevo,
descansando en tu costado,
miro pasar las nubes sobre tus labios rojos,
digo adiós a los pájaros que cruzan por tu frente,
y si cierras los ojos cierro también los míos,
y me duermo a tu sombra como si siempre fuera
verano,
amor,
pensando vagamente
en el mundo inquietante
que se extiende -imposible- detrás de tu sonrisa.


Extracto del poema En ti me quedo




domingo, 13 de junio de 2010

Cesare Pavese






Queda claro, de una vez por todas, que estar enamorado es un hecho personal que no considera al objeto amado- ni siquiera cuando éste corresponde-. Se cambian- también en este caso- gestos y palabras simbólicos en los que cada uno lee lo que tiene dentro de sí y, por analogía, supone en el otro. Pero no hay razón, no hay necesidad, de que los dos contenidos encajen. Hace falta un arte muy particular para saber aceptar e interpretar favorablemente esos símbolos y disponerles la propia vida de manera satisfactoria. Nada puede hacer el uno al otro más que ofrecerle esta clase de símbolos, haciéndose ilusiones de que la correspondencia sea real. Pero hace falta una reserva at the back of on'es head de sagacidad práctica: hay que haber decidido servirse de esta oferta (hecha por necesidad individual del objeto amado) para satisfacer las propias necesidades. Quien haya sido astuto en la adecuación de la correspondencia no sufrirá accidentes, hará que todo suceda según su conveniencia, creará un mundo de cristal en el que disfrutará del objeto. Pero no olvidará nunca que la esfera de cristal es un vacío en el que no entra el aire, y se guardará de romperla en la ingenua tentativa de ventilarla.

Párrafo extraído de El oficio de vivir

sábado, 12 de junio de 2010

Juan Gelman


te escribo en una hojita de papel
caída del cuaderno del hijo
con una baca un burro
sumas restas
esta carta que no enviaré jamás
tiene delicias y tristezas
y cuando la leías
te ponías muy dulce
porque yo no escribía nada
pero cantaban los pájaros
azules de la izquierda
volaban a tu sombra y callaban
con los ojos abiertos
como memorias en la noche

viernes, 11 de junio de 2010

Antonio Lobo Antunes


Las sílabas salían de sus labios redondos, leves, sin aristas, y venían a estallar arriba, en la superficie, deshaciéndose como los dientes del mar se deshacen en el dorso rugoso de la muralla.

Por un momento me entraron ganas de extenderme a lo largo de sus palabras a la manera de un cuerpo desnudo en la piel de metilene de las piscinas.

Extenderme pensando en septiembre y en las grandes olas mansas del equinoccio, casi lilas bajo el azul extraordinariamente límpido y triste de las tardes de verano.

Quería dormir bajo el aroma de eucalipto del caramelo balsámico, que flotaba aún en el despacho como la infancia deambula, de sala en sala, por las casas antiguas, idéntica a un pabilo, exclamó:

-ah, ya han cazado al pájaro

Y volvió a cerrarla a una señal de las cejas del psiquiatra.

Pág. 125

No se veían pájaros ni gente: la carretera se asemeja a una cicatriz, a un pliegue, a una arruga en la piel y de uno y otro lado el horizonte, demasiado próximo...

Pág 68

Los domingos por la noche, por ejemplo, cuando todo se torna absurdo, ridículo y triste, y me asemejo a una momia acuclillada en el suelo de la cocina, a la espera, me viene a la mente el chiquillo en los escalones del patio, colmado de una melancolía suave y cruel.

La madrugada otorgaba a los edificios un tono de papel pardusco, con aristas descarnadas y agudas como huesos, los tejados,, más oscuros, se asemejaban a costras de heridas sin curar...

Pág. 247

Párrafos extraídos del libro, Conocimiento del infierno de Antonio Lobo Antunes


jueves, 10 de junio de 2010

Música para un día triste



Densidad aplastante























En días como hoy
las nubes adquieren
tal densidad y grosor
que siento como se divierten
aplastando mis pensamientos
Reacciono. Intento mantener la distancia
Pesan demasiado. No lo consigo

miércoles, 9 de junio de 2010

Fernando Pessoa


Me gusta hablar. O mejor: me gusta palabrear. Las palabras son para mí cuerpos tangibles, sirenas visibles, sensualidades incorporadas. Tal vez porque la sensualidad real carece para mí de cualquier interés- ni siquiera mental o de ensoñación-, se me transmutó el deseo en aquello que en mí crea ritmos verbales, o los oye de los otros. Me estremezco si hablan bien. Esta o aquella página de Fialho, esta otra de Chateaubriand, hacen hormiguear toda mi vida por mis venas, me hacen rabiar trémulamente sereno por un placer inalcanzable que estoy sintiendo.
Algunas páginas, incluso, de Vieira, en su fría perfección de ingeniería sintáctica, me hacen temblar como una rama al viento, en un delirio pasivo de cosa a la que mueven.
Como todos los grandes enamorados, me place la delicia de la pérdida de mí mismo, cuando el gozo de la entrega se vive de una forma absoluta. Y así, muchas veces, escribo sin querer pensar, en un devaneo exterior, dejando que las palabras me hagan
Fiestas, como niño que llevaran al cuello. Son frases sin sentido, corriendo mórbidas, con una fluidez de agua sentida, un olvidarse…

Libro del desasosiego, Fernando Pessoa

lunes, 7 de junio de 2010

La lluvia


Me gustaba visitar el parque por las tardes, sobre todo en otoño cuando los árboles parecían estar siempre vigilantes, en tensión, con sus ramas desnudas, carentes de hojas. También me llamaban la atención aquellos bancos y mesas de piedra, de aspecto sólido, robusto, anclados al suelo como si hubieran enraizado como sus vecinos.

Cuando a veces, como había ocurrido hoy, estaba ella paseando por el lugar, solitario a esas horas, que bien sabía eran sus momentos preferidos, se sentía feliz. Contemplarla allí parada, casi inmóvil, esperando sin duda, le llenaba de dicha.

Entonces muy despacio, lentamente, comenzaba a acariciar su rostro, la envolvía totalmente, y en unos momentos no podía controlarse, notaba como iba acrecentándose su pasión. Ella se dejaba envolver, levantaba su cara hacia arriba para mejor recibirme y se producía una entrega total. Según nos íbamos fundiendo e uno solo, se desprendían nuestras aromas confundiéndose incluso con el de la propia tierra.

Cuando ella ya no podía aguantar más la emoción de mi presencia, abría su paraguas y entrecerrando los ojos me susurraba: “gracias lluvia, siempre me reconfortas”.

Rod Stewart - Kiss To Build A Dream On

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domingo, 6 de junio de 2010

Felipe Benitez Reyes


Advertencia

Si alguna vez sufres -y lo harás-
por alguien que te amó y que te abandona,
no le guardes rencor ni le perdones:
deforma su memoria el rencoroso
y en amor el perdón es sólo una palabra
que no se aviene nunca a un sentimiento.
Soporta tu dolor en soledad,
porque el merecimiento aun de la adversidad mayor
está justificado si fuiste
desleal a tu conciencia, no apostando
sólo por el amor que te entregaba
su esplendor inocente, sus intocados mundos.

Así que cuando sufras -y lo harás-
por alguien que te amó, procura siempre
acusarte a ti mismo de su olvido
porque fuiste cobarde o quizá fuiste ingrato.
Y aprende que la vida tiene un precio
que no puedes pagar continuamente.
Y aprende dignidad en tu derrota,
agradeciendo a quien te quiso
el regalo fugaz de su hermosura.

De «Los vanos mundos»

Deseo

sábado, 5 de junio de 2010

Juan Francisco Ferré




Estimado amigo,

Creía haberle hablado ya en otro mensaje del libro del reverendo Josh Gardner. Si no lo he hecho, discúlpeme la tardanza. Gardner, además de un buen hombre y un honesto padre de familia, era un pastor luterano tan preocupado por el devenir de su comunidad y no solo de su familia que para salvarla no tuvo más remedio que entregar su vida en circunstancias todavía hoy no esclarecidas del todo. El libro, una gruesa monografía redactada en el inimitable estilo de los padres puritanos de nuestros orígenes, se titula

Evil Genealogy: A Fantástic Survey og Our Roots as a Christian Nation y fue publicado a cuenta de su autor en una pequeña imprenta de Cambridge, Massachusetts, en noviembre de 1976. El bueno de Josh, a quien tuve la ocasión de tratar superficialmente como consecuencia de un altercado con una feligresa problemática del sexo femenino que ambos conocíamos y apreciábamos y ahora no hace al caso mencionar, moriría, como le he dicho, seis meses después de verlo en algunas librerías.

Muchas de la zona se negaron a vender ese libro por razones comerciales jamás explicadas. Circunstancia que tuve la ocasión de denunciar en cartas que dirigí al entonces director del Providence Journal, mi buen amigo Ralph Patterson. Nada conseguí modificar con ellas. Se vendieron en todo el país unos treinta o cuarenta ejemplares de una primera edición de quinientos. El resto fue pasto de las llamas justo después de la muerte del autor. Una desgracia para el conocimiento legítimo de nuestra comunidad.

Al donar mi biblioteca personal hace diez años a la universidad me deshice también de mi ejemplar anotado, una de las joyas de la misma, que usted podrá consultar en cualquier momento en la biblioteca, donde sobrevive a salvo de las acechanzas del destino. Entre tanto, le hago llevar este sumario de la historia de la “Hermandad” extraído del libro de Gardner. Estoy seguro de que un lector extranjero como usted lo considerará disparatado antes de poder comprobar su erudición acrisolada y, no menos importante, su argumentación fehaciente.

Cordialmente

Su amigo Jack Daniels

*Nada que ver, por cierto, con el bourbon del mismo nombre.

PD: Hacia el final del sumario prometido encontrará una referencia al escritor local más conocido y reconocido en todo el mundo, H.P. Lovecraft, un impostor puritano en toda regla.

Recuerde al leer esta anécdota que yo mismo tuve un encuentro con ese atormentado personaje más o menos en la época mencionada. Pero para entretenerlo más, prefiero contárselo en otro mensaje, cuando haya tenido tiempo de leer toda la información contenida en éste y se la haya pasado el asombro


Providence de Juan Francisco Ferré

Adriana Rich


Delta

Si has creído que este escombro es mi pasado
hurgando en él para vender fragmentos
entérate de que ya hace tiempo me mudé
más hondo al centro de la cuestión

Si crees que puedes agarrarme, piensa otra vez:
mi historia fluye en más de una dirección
un delta que surge del cauce
con sus cinco dedos extendidos

1987

Versión de María Soledad Sánchez Gómez

jueves, 3 de junio de 2010

Luis García Montero


Una vez dijo amor.
Se poblaron sus labios de ceniza.

Dijo también mañana
con los ojos negados al presente
y sólo tuvo sombras que apretar en la mano,
fantasmas como saldo,
un camino de nubes.

Sabe que le resulta necesario
aprender a vivir en otra edad,
en otro amor,
en otro tiempo.

Tiempo de habitaciones separadas.

Las razones del viajero

Jean Ferrat - Nuit et brouillard

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miércoles, 2 de junio de 2010

Relaciones



Que soy una soñadora algo ilusa es algo que sé y tengo asumido hace tiempo, que las personas que están a mi alrededor me dicen que ya es hora de que aprenda también es cierto, y, haciendo caso a esas personas que estoy segura me quieren en algún momento he intentado cambiar.

Me he impuesto a mi misma límites. Límites que se no debo traspasar, pero hasta ahora el resultado no ha sido el que esperaba

No hay manera de reeducar mi forma de ser. Mi implicación en todo es algo desmesurado, el caso es que cuando realizo un trabajo mi dedicación es total, lo mismo me sucede con las personas, cuando por azares de la vida coincido con alguien y ese alguien a medida que transcurre el tiempo me va interesando más y más me descubro totalmente. Mi conversación es abierta y sincera. Todo funciona a la perfección hasta que llega el día en que esa persona se convierte en una pared, si la relación mantenida no es solo laboral, sino que intervienen otros factores mas importantes como la amistad, el desengaño o decepción es importante.

Para mi a todas las personas con las que he tenido trato, todas las personas que me han hecho sentir bien, las recuerdo por mucho tiempo que transcurra, recuerdo sus palabras y las recuerdo con gratitud, porque dedicaron parte de su tiempo a mi, a estar conmigo, a reír conmigo, incluso a confesarnos mutuamente.

Y es entonces cuando no comprendo porque se rompen las relaciones, cómo es posible que ese alguien con quien te has desahogado, ese alguien que le has contado con pelos y señales como te sentías y viceversa…esa persona deje de hablarte o mostrar el más mínimo interés por ti. No lo entiendo, yo no soy así y cuando lo analizo, cuando analizo paso a paso la situación y hago un balance, me digo que prefiero no cambiar, a pesar de disgustos o decepciones, a pesar de no comprender y pensar que todo esto me viene algo grande, a pesar de sentir tristeza, no importa. Me gusta ser yo misma, y ser consecuente con lo que digo como lo digo y a quien se lo digo.

Tworki (El manicomio


Qué fue lo que acertó a ver Olek tras la araña de tres brazos, qué fue lo que pensó Sonia cuando el río Pérdida brillaba como piel de serpiente, sólo lo sabe la señora Luna, pero la Luna misma acaba de asomarse por encima del hombro del apesadumbrado Jurek:

Cosas misteriosas son las cartas. Un sobre blanco, una hoja blanca de papel cubierta de signos negros: las letras. Tan poca cosa, parecería…pero no, es tantísimo. Una carta puede precipitar un alma al abismo de la desesperación o encenderla con la llama clara y cálida de la felicidad, y puede sanar al corazón con el mejor de los remedios, la esperanza. Cuando abro el sobre y saco tu carta, mis ojos se desprenden de la negrura y de toda la tristeza. Me preguntabas en tu última carta si voy por ahí rompiendo los corazones de las mujeres. Pues sí, bastante que he roto en mi vida, y con considerable frecuencia, si bien no corazones femeninos, sí la línea del enemigo con un balón de fútbol (no sé cuál de las dos cosas es más difícil), y he llegado en este deporte a conseguir progresos no del todo desdeñables. Sin embargo, en realidad no me he atrevido a jugar con los corazones de las chicas, pues considero que este es un arte al que hay que entregarse con grandes dosis de habilidad, ya que no es difícil que el corazón se caiga al suelo, se dé un golpe y se rompa. Aunque un amigo mío asegura, convencido, que el corazón de la mujer es mucho más duro que las pelotas de fútbol (y no intentes negarlo). Por otro lado, la naturaleza es sabia y conoce el verdadero arte de pegar los pobres trozos de los corazones rotos, sobre todo cuando algún ser misericordioso, Danusia, decide ponerse manos a la obra.
Me dices, Danusia, que, en contra de la tendencia generalizada, tú no te enamoras, y que no sabes siquiera cómo se hace esto.
No sabía que para enamorarse de alguien hiciera falta una habilidad especial o un amplio conocimiento. Es un sentimiento humano y llega cuando menos te lo esperas. Te parece que nunca te va a interesar y que el amor precisa también voluntad. Pero no.
Un día se pondrá delante de ti…en el tranvía, en una tienda, en una avenida…y ya está.
Sabrás que esa persona es la tuya. Y es entonces cuando te nace un corazón para la vida y para la muerte. Será entonces cundo todo cobre sentido. Habrás logrado tu objetivo: vivir para alguien, vivir para una persona. Una persona puede dar más que todas juntas. Nunca será verdadera mente feliz aquel que haya conseguido en la tarea que haya elegido el objetivo propuesto, ni el que haya sacrificado su vida por una idea, si no tiene a su lado a alguien para sí, cercano, que en los momentos de duda y sinsabores sepa, querida Danusia, encontrar una palabra adecuada, calmarle los nervios e inspirarle fuerzas para seguir trabajando.


En Ozorków también había caído la noche; Danusia ya estaba dormida, en el alféizar relucía discretamente la hiedra; un par de perros le aullaban a la señora Luna.

Tworki, de Marek Bienczyk