miércoles, 5 de mayo de 2010

Nueva York, 2008


Querida:

Me gustaría poder transmitirte las sensaciones de pasear por esta ciudad, de que percibieras todo lo que en ella se experimenta, pero es prácticamente imposible. Lo imponente y casi opresivo de su arquitectura en el área central de Manhattan, los mil olores siempre presentes en las calles, la abigarrada multitud que inunda las aceras, las nubes de vapor que constantemente emanan de las alcantarillas, y por encima de toda esta vorágine, el ruido, las sirenas de policía, ambulancias y bomberos.

Esta mañana, camino de Times Square, sin saber como ha sucedido, he pensado en ti, ha sido algo imprevisto que me ha sorprendido pero me ha hecho sentirme bien. Separados por miles de kilómetros no sabía como hacerte un guiño, y de repente, he visto la solución, allí estaba, ante mis propios ojos, solo he tenido que hacer un pequeño gesto y he logrado mi objetivo, a falta aún de hacerte llegar el mínimo detalle.