martes, 25 de mayo de 2010

Los martes


El lugar donde trabajo los martes por la mañana está situado en un edificio antiguo y emblemático de la localidad, originalmente era las bodegas de un licor muy afamado pero hace años que la empresa cerró y ese licor ya no lo hacen aquí. El edificio ha pasado a ser propiedad del ayuntamiento, que lo utiliza para fines sociales.

En uno de esos despachos realizo un trabajo concreto unas horas a la semana.

Me gusta, me gusta mucho, es un edificio de techos bastante altos, con grandes ventanales que dan a la calle, para trabajar utilizo un portátil porque me da independencia y puedo colocarme donde mas me gusta, como en este caso frente a la calle.

Cuando llego lo primero que hago es abrir las ventanas, me preguntan por qué no utilizo el aire acondicionado, pero a mi me gusta más abrir la ventana, escuchar el murmullo de la gente y las voces alegres de los niños, pues resulta que ese lugar también es el punto de reunión cuando los niños realizan excursiones escolares, y el mes de mayo, ya se sabe es época de excursiones.

Pero además de todo esto que estoy contando hay algo que realmente llama mi atención, y hoy me he fijado más que otros días.

No me gusta comer mientras trabajo, no soporto ir mordisqueando lo que esté comiendo en esos momentos y al mismo tiempo ir tecleando, así que cuando como paro unos minutos de trabajar.

Mientras lo hago me entretengo mirando por la ventana, mejor dicho la copa de los árboles pues eso es lo que llega a la altura de la ventana, se trata de unos enormes plataneros centenarios, esta mañana hacía viento y las hojas se movían con bastante fuerza.

Pero como apuntaba más arriba lo que ha llamado mi atención es que cada semana hay un pájaro, no se si es el mismo, pero el color sí es el mismo de cada martes, se dedica a pasearse durante un ratillo por la ventana piando mientras me mira; yo que hoy me siento optimista he querido creer que ese pájaro sabe que los martes estoy ahí y viene a saludarme porque le he resultado simpática