viernes, 14 de mayo de 2010

Georges Simenon


TRES HABITACIONES EN MANHATTAN

GEORGES SIMENON


François Combe, que fue un actor célebre, vive olvidado por todos en Nueva York tras un escándalo que ensombrecía su carrera en Francia. Huyendo de su soledad, encuentra un día a Kay en un bar. Kay no tiene donde dormir porque la han echado del apartamento que comparte con una amiga. Así es como Kay y François ocupan la primera habitación en un hotel donde intentan desesperadamente olvidar cada uno sus penas y donde acaba naciendo entre ellos una gran pasión. Muy pronto, François empieza a padecer unos celos enfermizos por el pasado de Kay. Como para mejor «apropiarse» de ella, la lleva finalmente a su propia vivienda, la segunda habitación de la novela. Allí, la pareja se esfuerza por conocerse mejor y por trabar mayor intimidad, pero su amor incandescente y exasperado va fermentando en la violencia. Así deciden trasladarse a la tercera habitación, la que Kay había tenido que abandonar. François descubriría al fin -¿demasiado tarde?- que el ha estado juzgando mal a su amada.


Bueno pues ayer termine de leer este libro.
Francoise vive en un apartamento en que las paredes son como papel de fumar, en la habitación de al lado hay una pareja que se ve de vez en cuando, cuando están en la cama hacen tanto ruido que esa noche Francoise no puede soportarlo mas y sale de casa a las tres de la madrugada, deambula de un sitio a otro hasta que va a parar a un club, allí conoce a Kay.

Francoise es actor y vivía en París donde tenía fama y dinero, pero un día su esposa le abandona por un chico mucho más joven.
Tienen un hijo que está en un internado estudiando, Francoise queda tan tocado al conocer la noticia por boca de su esposa que no lo soporta y decide marchar a N.Y. allí conoce a gente del mundo del espectáculo que le puede ayudar.
Kay procede de Viena, estaba casada con un diplomático y tiene una hija, un día decide abandonar todo y marcha a N.Y. en busca también de una nueva vida.
Desde esa noche que Francoise y Kay se conocen ya no se separan, pasan la noche juntos en un hotel. Frank siente unos celos terribles de la vida que Kay lleva y con los hombres que ha estado.
A partir de ese momento empieza su gran historia.
Me ha gustado mucho, solo conocía a Simenon escribiendo libros sobre misterio, pero he quedado gratamente sorprendida.
Describe minuciosamente los personajes, lugares, etc, y lo hace con tal precisión que es fácil meterse en la historia.

Tres habitaciones en Mahattan es una gran historia de amor de dos personas que andan perdidas pero tienen la suerte de estar en el sitio adecuado a la hora adecuada y así se conocen, y se cuentan todo, y pasan momentos duros y de dudas. Pero al final lo que de verdad importa es la verdad, su verdad y el libro nos quiere demostrar que siempre estamos a tiempo, que siempre existe esa oportunidad y aunque el paraíso no existe, sí existe el amor y personas que se enamoran y apuestan por ese amor de verdad, a pesar de todo lo que han vivido y sabiendo que lo que les espera no va a ser fácil, porque ambos tienen un pasado.
En fin, que a mi me ha gustado mucho, muchísimo.
Voy a dejar algún párrafo que anoté
Eran casi las seis. Habían caminado mucho. Tanto el uno como el otro se sentían cansados y Combe se aventuró a decir:
-¿Dónde vive usted?
Ella se detuvo en seco, lo miró y él primero creyó ver indignación en los ojos de ella. Se equivocaba, en seguida lo advirtió. Era turbación, tal vez auténtica angustia lo que invadía esos ojos, cuyo color aún no conocía él.
Ella dio unos pasos sola, unos pasos precipitados, como para huir de él. Después se detuvo y lo esperó.
-Desde esta mañana-dijo; al tiempo que lo miraba fijamente a la cara, con las facciones endurecidas-no vivo en ninguna parte.
¿Por qué se sentiría emocionado él hasta el punto de que le dieron ganas de llorar?
Estaban ahí, de pie junto a un escaparate, con las piernas tan cansadas, que vacilaban, con esa acritud del amanecer en la garganta y ese vacío un poco doloroso en el cráneo.
Pág. 19
¿Qué sabía él al respecto? Nada. Seguían sin saber nada el uno del otro, tal vez menos aún que la víspera.
Y, sin embargo, nunca dos seres, dos cuerpos humanos, se habían abismado uno dentro del otro más salvajemente, con una furia como desesperada.
¿Cómo, en qué momento, se habrían sumido en el sueño? No lo recordaba. Se había despertado una vez cuando era totalmente de día. La había visto con el rostro aún dolorido, el cuerpo como descuartizado…
Pág. 25
Se sentía muy joven. Y tenía ganas de salir, pero no era como la víspera, cuando había salido del Lotus y no había logrado alejarse de él cien metros.
Ahora ella estaba en su casa. Y él, que era bastante meticuloso, tal vez demasiado.
No le parecía seductora. No era hermosa. No joven siquiera. Y seguramente habría recibido la pátina de múltiples aventuras.
Pág. 36
Por qué? Lo ignoraba. ¿Acaso habría deseado que su vida no hubiera comenzado hasta la víspera? Tal vez. Eso carecía de importancia. Ya nada tenía importancia, pues acababa de decidir de repente dejar de oponer resistencia.
Escuchaba. Caminaba. Miraba los globos luminosos de las farolas, que formaban una larga perspectiva, hasta el infinito, los taxis que se deslizaban sin hacer ruido y en los que casi siempre se veían parejas.
Pág. 39
Se habla a veces de un cuerpo sin alma. Seguramente habría pronunciado él esas palabras alguna vez, como todo el mundo. Aquel día, en aquel instante, en la esquina de la Calle Sesenta y seis con Madison Avenue, era en verdad un cuerpo al que animaba, cuyo pensamiento y cuya vida estaban en otro sitio.
Pág. 87