domingo, 2 de mayo de 2010

Eres la mejor en todo mamá


Me encontraba ensimismada en la lectura, pero un ruido que del exterior ha hecho que levante la vista hacia la ventana, las gotas de lluvia son de un grosor considerable, golpean los cristales, en cuestión de solo unos segundos la habitación ha quedado casi a oscuras. Me levanto, miro afuera, no hay nadie en la calle. Hace viento, un viento bastante fuerte. Viento y lluvia. Y ya no soy la mujer. Ahora soy la niña, una niña muy feliz, y a bastante distancia en tiempo, época y lugar. El único nexo de unión es la lluvia y el viento.

Ahora es de noche, la niña está en la cama, leyendo como cada día a la misma hora.
En casa de la mujer es confortable y las ventanas están provistas de doble vidrio, apenas se escucha ruido alguno del exterior. La casa donde vive la niña es algo mas humilde y las ventanas tienen cristales normales, sencillos. Se escucha cualquier ruido por pequeño que sea. Cuando llueve y hace viento los cristales se mueven y por alguna rendija entra algo de viento.

A la niña le encantan las noches de viento y lluvia. Le gusta meterse en la cama y notar el contraste de las frías sábanas con su piel. Se tapa. Se tapa hasta la cabeza y se acurruca, sueña y escucha. Al cabo de un rato cuando está a punto de dormirse oye como se abre la puerta de su habitación, nota la presencia de su madre que como cada noche entra a darle el beso, arroparla y desearle buenas noches. Entonces la niña cierra los ojos y no escucha nada más. Ahora toca dormir hasta el día siguiente, que la puerta se volverá a abrir de nuevo, la madre entrará, le dará el beso de buenos días y dejará sobre la mesilla un vaso de leche caliente.
Te quiero mamá