lunes, 26 de abril de 2010

W.N.P. Barbellion


Iniciado cuando su autor tenía trece años como un cuaderno de anotaciones de historia natural, este diario se iría convirtiendo poco a poco en la crónica de una profunda decepción: limitado en su formación académica por circunstancias familiares, y aquejado ya tempranamente de dolorosos y paralizantes síntomas de lo que luego se revelaría una esclerosis múltiple, el que soñaba con ser un gran naturalista acabaría obteniendo un modesto puesto de entomólogo en el Museo Británico de Historia Natural, Barbellion murió apenas unos meses después de ver publicada su obra, pero su ejercicio de introspección perdura como uno de los más notables y significativos del siglo XX.
casa del libro
El autor se llamaba Frederick Cummings, pero publicaba con el seudónimo de W. N. P. Barbellion, comenzó a escribir acerca de sus investigaciones sobre la naturaleza, los insectos, sus éxitos el enamoramiento etc.
Cayó enfermo y a partir de su enfermedad sus escritos se convirtieron en una detallada y cruda crítica del dolor físico, la fustración, la rabia y la pena.
Sufrió esclerosis múltiple y murió a los 30 años, a raíz de su enfermedad fue un hombre decepcionado. Dejó escrito esto: "mi vida ha sido una lucha continua contra la mala salud y la ambición y no he conseguido dominar ninguna de las dos.
Escribió este diario que es una descorazonadora narración acerca de la vida, que acude a nosotros a ponernos en nuestro sitio, a recordarnos qué es mentira: fantasear, desear, leer, escribir, esperar...

Una de las cosas que más me sorprendio de este libro es la cantidad de autores que nombra, eso me lleva a creer que él era un gran lector.
Unos párrafos que me gustaron cuando leí el libro:

"¡Cuantas cosas por hacer! ¡Que corto el tiempo para hacerlas! El hambre de saber es tan capaz de apremiarnos como cualquier otro afán, si no se domina. Con frecuencia me detengo en medio de la biblioteca y pienso con desesperación en la imposibilidad de llegar a poseer toda la riqueza de hechos e ideas que contienen los libros que me rodean por todas partes. Saco un volumen de su sitio y me siento como si hiciera poco más que cavar con un pico en una enorme cantera. El bedel se pasa los días en la biblioteca vigilando estrictamente esta catacumba de libros, paseando entre estantes y, sin embargo, no presta atención a los susurros casi audibles de deseo, el deseo de cada libro de que lo tomen y lo lean, de vivir, de nacer en el cerebro de alguien. Incluso entrega los volúmenes sobre el mostrador, los busca en su sitio o los devuelve sin pensar ni una sola vez que un libro es una persona y no una cosa. Me estremezco al pensar que acarrea los "Ensayos" de Lamb como si fueran fardos. "
9 de agosto

"No me gusta irme a la cama. Para mi, cada día termina con tristeza. Odio el momento en que tengo que dejar los libros, vaciar la pipa y decir "Buenas noches" para cambiar los vívidos placeres del día por la oscuridad del sueño y el olvido."

"Mi habitación está repleta de programas viejos de conciertos y recetas del médico ( en los sobres amarillos del farmacéutico), y libros, libros y más libros.
Sobre la mesa tengo en este momento:
Las obras de teatro de Brieux
Joseph Vance
El Significado de la verdad, de William James.
Mas allá del bien y del mal.
Los Endemoniados deDostoievski
El Diario, de María bashkirtseva.
De este último sólo he tenido tiempo de leer el primer capitulo y casi me da miedo seguir. Sería humillante descubrir que soy su doble.
Sobre la chimenea tengo una fotografía de Huxley-el héroe de mi juventud-, ¡que el viejo B. siempre ha tomado por mi abuelo! Cuando colgué la máscara de yeso de Voltearen soltó una risita grosera y dijo : Menudo tarambana, ¿quien es?."

3-oct-1907
¡Cuántas cosas por hacer! ¡Que corto el tiempo para hacerlas! El hambre de saber es tán capaz de apremiarnos como cualquier otro afán, si no se domina. Con frecuencia me detengo en medio de la biblioteca y pienso con desesperación en la imposiblidad de llegar a poseer toda la riqueza de hechos e ideas que contienen los libros que me rodena por todas partes. Saco un volumen de su sitio y me siento como si hiciera poco más que cavar con un pico en una enorme cantera. El bedel se pasa los diás en la biblioteca vigilando estrictamente esta catacumba de libros, paseando entre estantes y, sin embargo, no presta atención a los susurros casi audibles de deseo, el deso de cada libro de que lo tomen y lo lean, de vivir, de nacer en el cerebro de alguien. Incluso entrega los volúmenes sobre el mostrador, los busca en su sitio o los devuelve sin pensar ni una sola vez que un libro es una persona y no una cosa. Me estremezco al pensar que acarrea los Ensayos de Lab como si fueran fardos.


2-mayo- 1909
¡Ojalá tuviera más tiempo! Más tiempo para pensar, amar, observar, dar forma a mi temperamento y desarrollar mi carácter. Ojalá pudiera dirigir todas mis energías hacia la gran y difícil profesión de la vida, ser un hombre en lugar de entretenerme con una profesión que me aburre y de hacer escarceos en otra.



Bruce Frederick Cummings nació en 1889 en Barnstable (Devon). A los trece años empieza a componer un diario que vería la luz en forma de libro en marzo de 1919, con el título El diario de un hombre decepcionado -cuando se entera finalmente de que padece esclerosis múltiple- firmado con el seudónimo W.N.P. Barbellion y prologado por H.G. Wells. Instantáneamente es un éxito y crea polémica. Barbellion muere unos meses después y póstumamente se publicarían Enjoying Life and Other Literary Remains (1919) y A Last Diary (1920).

Diario de un hombre desesperado, de W.N.P.Barbellion