domingo, 25 de abril de 2010

Emir Suljagic


En mayo de 1992 miles de bosnios convergen en la pequeña población fronteriza de Srebrenica, donde esperan encontrar refugio ante el imparable empuje de las fuerzas nacionalistas serbias, que llevan a cabo una limpieza étnica de musulmanes en los pueblos de la Bosnia oriental. Sin embargo, a pesar de que Naciones Unidas ha declarado zona de seguridad la población de Srebrenica, lo cierto es que sus habitantes viven un asedio atroz. El estallido constante de las bombas, la hambruna y la continua convivencia con la muerte, el dolor y la desolación hacen de la vida de sus gentes un infierno. Finalmente, en julio de 1995, tras una larga agonía y ante la absoluta pasividad de los cascos azules allí destinados, la población es radicalmente aniquilada en una masacre genocida que acaba con la vida de cerca de ocho mil personas. Emir Suljagic, con tan solo diecisiete años, fue uno de los pocos que escaparon a aquella terrible matanza.
casa del libro




Así empieza el libro:
" He sobrevivido.¿Mi nombre? Podría ser cualquiera; Muhamed, Ibrahim, Isak, no importa. Yo he sobrevivido, muchos otros no. He sobrevivido del mismo modo que ellos murieron. Entre mi supervivencia y su muerte no hay ninguna diferencia, porque permanezco vivo en un mundo que está marcado para siempre, indeleblemente, por su muerte. Procedo de Srebrenica. En realidad procedo de otra parte, pero elegí ser de Srebrenica."


Narrado en primera persona por el autor, cuenta el inicio de la guerra de los Balcanes en el año 1992 hasta el 1995, un día de julio gran parte de la población fue aniquilada totalmente ante la pasividad de los cascos azules que en ese momento estaban allí destinados, en total unas ocho mil personas fueron asesinadas.
Emir Suljagic con tan solo diecisiete años debe huir junto a su familia de un dia para otro como todos los de su pueblo, después de mucha penalidades llegan al enclave Srebrenica.
El narrador explica su corta vivencia en su pueblo, junto al río Drina, el colegio....aún después de mucho tiempo y a pesar de tantas calamidades continua creyendo que puede hacer realidad su sueño de acabar el bachillerato y más tarde ir a la universidad.
A través de este libro se puede comprobar cuántas mentiras, manipulaciones, corrupciones por parte de las autoridades, etc. sucedieron en el intervalo de esos años. Srebrenica, como cuenta el autor era una ciudad cercada, dónde quizás había una puerta de salida, pero nunca de entrada
En libro creo observar cómo el autor se siente culpable por haber sobrevivido a esta masacre en el que casi toda su familia y amigos perecieron.
En un párrafo mientras conversa con un amigo hacen balance de las calorías que digieren durante el día, y comprueban que son muchas menos que la gente que estuvieron el el Gulag de Stalin.
Hay otro capitulo en el que cuenta unos crímenes y él se pregunta....¿Todo crimen es realmente un crimen?


Emir Suljagic dominaba a la perfección el idioma inglés y eso le proporcionó trabajo de traductor e interprete para los cascos azules, gracias a eso salvó su vida.
Me ha gustado el libro porque no sentencia ni hace culpable a nadie en concreto, simplemente expone la realidad vivida de una gente que a pesar de que Naciones Unidas declaran la seguridad en Srebrenica, la ciudad continuó asediada y sus gentes muertas de desolación, miedo, hambre....y a nadie les importó gran cosa

En la muerte, más exactamente en el instante en que dejamos de existir, no hay diferencias: la cámara de gas, la ejecución en masa o el infame brillo del filo de la navaja en la oscuridad, el doloroso jadeo o gorgoteo y la cuchillada final. Diez mil personas, diez mil ataúdes, diez mil lápidas, ¡diez mil! De esta muerte se sabe todo, o por lo menos hoy todos fingimos querer saberlo; violamos sus muertes en las columnas de periódico, sin preguntarnos por sus vidas. No sabemos nada de estas personas, que no fueron ni más ni menos maravillosas que otras, ni más buenas ni más malas. Fueron maravillosas en la medida que eran humanas. Y en la medida en que yo las conocía,
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Postales desde el filo, de Emir Sulagic