sábado, 13 de febrero de 2010

Laura, Otto Preminger


Nunca olvidaré aquel fin de semana en el que murió Laura. Un sol de fuego ardía en el firmamento como a través de una gigantesca lente.

Fue el domingo más calurosos que recuerdo. Tenía la sensación de que yo era el único ser humano que se había quedado en Nueva York, pues desde la horrible muerte de Laura, me sentía solo. Yo, Waldo Lydecker era el único que la había conocido de verdad.

Con unas esposas estaría Ud. Muy elegante.
¿ Por qué, no vuelve Ud. A desmayarse?, es la única manera de que esté callado.
¿ Ha estado Ud. Enamorado alguna vez?.
Una muñeca de Washington logró sacarme una vez un abrigo de pieles.
Cuando un hombre posee todo lo que ambiciona en el mundo excepto aquéllo que más desea, se pierde en sí mismo, se convierte en un amargado, desea dañar, igual que le han dañado a él.

Como nos demuestra la Historia, el amor es eterno. Ha sido la motivación más decisiva de cuantas han guiado las acciones humanas en el transcurso de los siglos. El amor es más fuerte que la vida. Y llega más allá de las oscuras sombras de la muerte. La vida es breve. Las lágrimas y risas no son duraderas ni tampoco el amor, el odio o el deseo. Las humanas pasiones con ser verdaderas, dejan poca huella pasado su apogeo.

No son duraderos los días de amor, de vino y de rosas. Emergen en nuestras vidas de un nebuloso sueño y luego tristemente, vuelven a su sueño.