domingo, 10 de enero de 2010

Una película




Hay días en los que me despierto y tengo la sensación de estar viviendo en una película.

Una película mediocre, porque no me siento contenta, ni me creo la heroína, ni el protagonista decide quedarse conmigo.

Se que estoy dentro de esa historia, pero desconozco qué sentido tiene.

Cabe la posibilidad que se trate de una película de terror o quizás de una comedia, si es esto último se trata de una mala comedia, porque no consigo ver la gracia por ningún lado.

Al final estoy hecha un lío, no entiendo nada, desconozco por completo que papel desempeño, pero estoy segura que es un papel estúpido y que no va conmigo.
Cuando esto me sucede, envidio la superioridad de los ordenadores sobre las personas, porque ellos poseen una hermosa tecla con la facultad de reiniciar.
Le damos al botón y soluciona cualquier tipo de equivocación. Reinicias y listos. Y así, de esa manera tan sencilla empiezas de nuevo.
Cuando nosotros cometemos algún error, alguna estúpida equivocación y deseamos que la tierra nos trague o quedamos bloqueados por una mala información o expresión poco afortunada no podemos volver atrás, quedamos totalmente indefensos.

Las personas tenemos limitaciones y no podemos cambiar nuestra experiencia, tampoco nuestro pasado, ni las palabras que salen de nuestra boca

Las hemos dicho y ahí quedan para siempre. Porque no es cierto que se las lleva el viento.
Podemos arrepentirnos y adaptarnos a lo nuevo, pero seguimos con nuestras experiencias y nuestros errores.

No podemos borrar lo malo como si no hubiese existido.

Nuestra vida sigue su camino en función de nuestro pasado.
Las palabras y los hechos construyen la realidad y ahí está. Es nuestra realidad. Es nuestra vida. La que hemos escogido