domingo, 24 de enero de 2010

Tengo una estrella



Cada noche antes de irme a dormir tengo por costumbre mirar por la ventana.
Me acerco, separo las cortinas de color crudo y apoyo el rostro contra el cristal, me gusta notar el frío en mi cara durante unos segundos, seguidamente la abro de par en par y dirigo la vista hacia el cielo.
Me gusta saber como está. Si es una noche cerrada con cielo nublado o si por el contrario el firmamento está nítido y puede verse las estrellas.
Esta noche, está resultando una noche estrellada, hay muchas, en el cielo se ven miles, quizás millones de ellas.
Luminosas y bonitas estrellas. Desconozco sus nombres,tampoco me hace falta saberlo.
Pero siempre reconozco la silueta de una, creo que me mira, que está puesta ahí en ese rincón del cielo expresamente para mí.
Alguien la envía para visitarme desplegando toda su luz sobre mi cuerpo, temblando,me dejo acariciar por ella, alarga su luminosidad hasta que está cerca y noto que desea cogerme de la mano.
No renuncio, me dejo llevar, y, durante unos minutos recorremos lugares que solo son reconocidos por nosotros. No sé cuanto poder posee, sólo sé que durante el rato que pasamos juntos me siento contagiada por su magia.
Ambos sabemos que uno y otro somos dos seres anónimos que no necesitamos nombre para ser el complemento perfecto