domingo, 31 de enero de 2010

Otra visión de luna llena


Cuando sale la luna

se pierden las campanas

y aparecen las sendas


impenetrables.


Cuando sale la luna,

el mar cubre la tierra


y el corazón se siente


isla en el infinito.


Los versos de García Lorca me vienen a la mente mientras contemplo la luna llena en esta fría noche, tan lejos de ti. Me dejo acariciar por su luz azulada, faro que ilumina las sombras; todo me lleva a una sensación placentera.

De pronto algo cambia, hay una inquietud que brota en mi interior, una desazón; es como una agitación que me sacude, me siento buscado, y entonces comprendo, eres tu mi niña, notamos la ausencia, la lejanía; dos almas, dos mentes, dos cuerpos que luchan por hacerse uno.

Cierro los ojos y llega tu presencia, nunca un sueño alcanzó tal grado de realidad. Percibo con todos mis sentidos, tu respiración agitada, tu aroma, tu piel, el deseo que nos embarga a ambos, hasta que noto posarse tu boca en la mía, con una dulce suavidad primero, apenas un roce de labios, que en segundos provoca que nos desborde la pasión; quiero perderme en ti, y fijamos nuestras miradas, uno en los ojos del otro hasta sentir como nos fusionamos en un abrazo.

Y separando un instante nuestros labios, al oírte susurrar mi nombre se lo que estás esperando... y pronunció el tuyo, primero muy quedamente para en seguida, alzando la voz, proclamarlo en alto, gritándole al mundo tu nombre, que se enteren todos de que eres mi amada.