sábado, 9 de enero de 2010

La Identidad


Ella le tomó de la mano:
-¿Qué te pasa? Te has vuelto triste. Desde hace unos días me doy cuenta de que andas triste. ¿Qué te pasa?
-Nada, no pasa nada.
-Sí. Dime qué te pone triste en este momento.
-Imaginaba que eras otra persona.
-¿Cómo?
-Que eras otra persona que la que imagino.
Que me he equivocado sobre tu identidad.
-No te entiendo.
El veía una pila de sostenes. La triste pila de sostenes. La ridícula pila de sostenes. Pero, más allá, reaparecía enseguida el rostro real de Chantal sentada frente a él. Sentía el contacto de la mano de ella sobre la suya, y la impresión de tener enfrente a un extraño o a un traidor se eclipsaba rápidamente. Sonreía:
-Olvídalo. No he dicho nada.
La identidad, de Milan Kundera