sábado, 5 de diciembre de 2009

Una historia de amor y oscuridad



Cada verano venía él solo a hacer una visita, a comprobar cómo estaba yo realmente y si la vida del kibbutz me gustaba, y, de paso, a supervisar también el estado del piso y a ver cómo estaba su biblioteca. En una carta detallada, a comienzos del verano de 1956, unos años después de separarnos, mi padre me comunicaba que:

...el miercoles de la semana que viene, si no te molesta, tengo pensado ir a visitarte a Hulda. Me he cerciorado de que hay un autobús que sale todos los días a las doce de la mañana de la estación central de Tel Aviv y llega a Hulda sobre la una y veinte. Estas son mis preguntas:
1.-Por favor, ¿puedes venir a buscarme a la estación de autobuses? (pero si te resulta difícil, si estás ocupado o lo que sea, puedo preguntar dónde estás y llegar por mi cuenta).
1.- ¿Es mejor que coma algo en Tel Aviv antes de subir al autobús, o podemos comer juntos cuando llegue al kibbutz? Sólo con la condición, por supuesto, de que no eso no te cause ningún transtorno.
3.- He comprobado que por la tarde hay un único atobús que sale de vuelta a Rehovot, desde donde puedo llegar en otro autobús a Tel Aviv y colver en un tercer autobús a Jerusalén. Pero en tal caso sólo contaremos con dos horas y media. ¿Será suficiente?.
4.- Si no, ¡podría quedarme a pasar la noche y ponerme en camino al día siguiente en el autobús que sale de Hulda a las siete de la mañana?En ese caso, con tres condiciones, a) que no te resulte defícil encontrarme un sitio para dormir (una cama sencilla. Y hasta un colchón me bastaría), b) que en el kibbuz no lo vean mal, y c)que tú te sientas cómodo con una visita tan relativamente larga. Por favor házmelo saber cuanto antes.
5.- Qué tengo que llevar además de mis objetos personales? ( ¿toalla? ¿Ropa de cama? ¡Nunca me he hospedado aún en un kibbuz!) . Por supuesto, las noticias (nada relevantes) te las contaré cuando nos veamos. Y también mis proyectos, si quieres oírlos. Y tú, si quieres, me podras contar algunos de los tuyos. Espero que te encuentres bien de salud y que tu estado de ánimo también sea bueno. (¡Entre esas dos cosas hay una evidente relación!) En cuanto al resto, muy pronto, de viva voz.
Con cariño, tuyo, papá

Una historia de amor y oscuridad, de Amos Oz