sábado, 12 de diciembre de 2009

Tren nocturno a Lisboa



...Y entonces escuchó oraciones que tuvieron en él un efecto adormecedor, pues sonaban como si estuvieran escritas sólo para él, y no sólo para él, sino para él precisamente en esa tarde que lo había cambiado todo:

De las miles de experiencias que tenemos, sólo conseguimos expresar con el lenguaje , a lo sumo, una, y aun así, ésa, la expresamos de un modo fortuito y sin el cuidado que merecería. Entre todas las experiencias mudas, permanecen ocultas aquellas que, sin darnos cuenta, han otorgado a nuestra vida su forma, su tonalidad y su melodía. Cuando, más tarde, prestamos atención a esos tesoros como si fuéramos arqueólogos el alma, descubrimos lo confusos que son. El objeto de nuestra observación se niega a permanecer quieto, las palabras pasan de largo frente a lo vivido, y al final sólo quedan meras contradicciones sobre el papel. Durante mucho tiempo creí que eso era una carencia, algo que había que superar. Hoy pienso que todo se comporta de otro modo: que el reconocimiento de esa confusión es el camino ideal para llegar a comprender esas experiencias tan familiares y a la vez tan enigmáticas. Esto suena a extraño, en realidad suena extravagante, ya lo sé. Pero desde que veo así las cosas, tengo la sensación de estar por primera vez despierto y vivo como es debido.
Tren nocturno a Lisboa, de Pascal Mercier