miércoles, 30 de diciembre de 2009

El hombre perro




Y entonces, Adán escribe otra carta.
A la atención de
Rabí Nissim Meor Cohen
C/ Marcel Vincent Aucher, 141
Marsella
Francia
Distinguido señor:
Espero que aún recuerde las amargas y ásperas discusiones que teníamos cuando estábamos prisioneros en el campo de Auchausen, que tan mala fama tenía. Seguro que recuerda las cuestiones que tratamos de aclarar, usted, el preso común, y yo, “el perro de Klein”, como usted me llamó en más de una ocasión ( a mi entender no sin cierto desprecio, ¿también con cierta envidia?); cuestiones relacionadas con la naturaleza afligida y inescrutable de la divinidad : si es un Dios celoso o un Dios compasivo, el Dios de la revelación o el Dios del castigo, el Dios de la redención o el Dios del sufrimiento. Yo estaba atónito por el hecho de que ese Dios, que había ligado a su nombre el destino de su pueblo elegido, permitiera que el sol continuara saliendo mientras el hijo de Feldman, a quien con nuestros propios ojos vimos caminar hacia las duchas y al verlo iniciamos la discusión, se convertía en humo. Seguro que recordará que, cuando le llegó a usted el turno de partir, se libró de su destino gracias a que yo mismo fui a ver al comandante Klein y le expliqué que, en el momento en que usted se fuera, cesarían las discusiones y él, es decir, Klein, dejaría de divertirse, y no poco, con nuestra eterna disputa, que, si bien trataba sobre cuestiones metafísicas, a fin de cuentas entretenía a ese tal Klein, dejaría de divertirse ( aunque él sostenía que sufría) el hecho de que un judío famoso como yo hubiera perdido la forma humana, tolerase la degradación absoluta, permitiera ir a su mujer y su hija. En otras palabras, le divertía el que un reputado payaso como yo estampase un sello divino en los pecados de su pueblo.
En las discusiones con usted, se acuerda, yo sostenía que los pecados del comandante Klein recaían sobre Hitler y los pecados de Hitler eran los pecados del Dios de Israel.
Sostenía que el fuerte siempre puede evitar la degradación del más débil y que no había que tomarse al pie de la letra las palabras de usted, porque los pecadores y los criminales son la heredad de Satanás. Satanás también pertenece a Dios. Y la fuerza es lo que vence. Si ha vencido Satanás, entonces él es Dios y Klein el Mesías. Pero no volvamos ahora a esas disquisiciones. Simplemente quería que recordara. Que recordara que gracias a todo eso se salvó usted. Y ahora, después de tantos años, me dirijo a usted para pedirle un pequeño favor. Un hombre llamado Miguel de Salvaro se dirigirá a usted un día de estos, no sé cuándo exactamente, para que lo ayude a formar parte de nuestro pueblo. El tiene sus razones y yo las mías. Paso a exponerle mi petición: hágame este favor. No haga preguntas superfluas, enséñele los principios básicos y dele el certificado. Sé que el asunto es complejo y que conlleva cerrar los ojos y saltarse las leyes. Pero para su tranquilidad le diré que está haciendo algo importante por el judaísmo, aunque no sepa por qué ni cómo. Y el Dios de Israel, ese ser al que yo maldigo y desprecio porque estoy convencido de que ha sido Él quien ha destrozado la vida de su pueblo, tanto si es realmente divino como si es sólo un espíritu que golpea a su pueblo, sacará provecho. Y es que el diálogo entre Él y su pueblo, que se inició cuando los reyes se quitaron el yugo de la fe ciega y se instauró un reino laico, el diálogo que llegó a se punto álgido con los crímenes de los Klein de todo tipo, se ha vuelto a romper desde que los judíos se han alzado, han ahuyentado los pasos del Mesías que nunca vendrá y han creado un nuevo reino, ahora, aquí, en Eretz Israel, la patria de David, Salomón, Jefré y Ajab. Y ese mismo Dios (¡ironías de la vida!) enriquecerá su grey con otro carnero, que de nuevo saldrá a embestir a su heredad ensangrentada.
Espero que acceda a cumplir mi petición y así sentiré que ha saldado su deuda conmigo.
Atentamente
Adán Stein
Instituo de Rehabilitación y Terapia
Arad
Israel

El hombre perro, de Yoram Kaniuk