miércoles, 23 de diciembre de 2009

El extranjero




...Me explicó que iba a hablarme de un proyecto todavía muy vago. Tenía intención de instalar una oficina en París que se ocuparía de sus negocios allí, y directamente, con las mismas compañías, y quería saber si yo estaría dispuesto a ir. Podría así vivir en París y viajar, además, una parte del año.
"Usted es joven y tengo la impresión de que es una vida que ha de gustarle."
Dije que sí, pero que en el fondo me daba igual. Me preguntó entonces si no me interesaba el cambio de vida. Contesté que no se cambia nunca de vida, que en cualquier caso todas valían lo mismo y que la mía aquí estaba lejos de disgustarme. Pareció descontento, me dijo que nunca respondía directamente, que no tenía ambición y que eso era desastroso en los negocios. Hubiera preferido no decepcionarlo, pero no veía razón alguna para cambiar de vida. Pensándolo bien, no me sentía desgraciado. Cuando era estudiante, tenía yo muchas ambiciones de ese tipo. Luego, cuando tuve que abandonar mis estudios, comprendí muy pronto que todo eso carecía de verdadera importancia.
Por la tarde, Marie vino a buscarme y me preguntó si quería casarme con ella. Le dije que me daba igual y que podíamos hacerlo si ese era su deseo. Me preguntó si la quería. Contesté, como ya había hecho una vez, que nada significaba eso, pero que ciertamente no la quería.
"¿Por qué te casarías conmigo entonces conmigo?", dijo ella. Le expliqué que la cosa no tenía importancia alguna, pero si ella lo deseaba podíamos casarnos...

Extranjero, de Albert Camus