lunes, 21 de septiembre de 2009

Las aventuras del buen soldado Svejk

























En la cocina, delante de un resto de vela de la iglesia, estaba sentado el telegrafista Chodounský, quien escribía cartas a casa para mantenerlas en reserva y así no tener que cansarse una vez tuviera el número de correo militar. Escribía:
Esposa mía; Bozenka queridísima:
Es de noche y no paro de pensar en ti, tesoro mío, y supongo que tú también piensas n mí cuando miras el sitio vacío a tu lado de la cama. Debes perdonarme que a veces se me ocurran cosas extrañas. Ya sabes que desde el comienzo de la guerra, me encuentro en el campo de batalla y que he oído toda clase de cosas de mis compañeros heridos; les dieron un permiso, y cuando llegaron a su casa hubieran preferido estar muertos al ver que algún canalla cortejaba a su mujer. Me duele tener que escribirte todo esto querida Bozenka. No lo haría, pero ya sabes que tú misma me confesaste que yo no había sido el primero en tener relaciones contigo, que antes de mí habías estado con el señor Kraus de la plaza de an Nicolás. Cuando ahora, en la noche, pienso que ese sinvergüenza podría reclamar algún derecho sobre ti en mi ausencia…, me parece, querida Bozenka, que lo estrangularía sin decir ni pío. He estado ahogando estos sentimientos por mucho tiempo, pero ahora, cuando pienso que aquel canijo te podría cortejar, se me encoje el corazón y te advierto una cosa: no soportaría a mi lado a una ramera que se metiera en la cama con el primero que viniera y deshonrara mi nombre. Perdona estas palabras un poco duras, querida Bozenka, pero ve con cuidado y que no me entere de ninguna cosa mala de ti. En un caso así, me vería obligado a mataros a puñaladas a los dos, porque estoy decidido a cualquier cosa, aunque me hubiera de costar la vida. Recuerdos a padre y a madre. Mil besos.
TU TONIK

P.D. ¡No olvides que utilizas mi apellido¡

Y continuó redactando más cartas:


Queridísima Bozenka:
Cuando recibas estas líneas, sabrás que acabamos de liberar una gran batalla en la suerte de la guerra se ha inclinado hacia nosotros. Entre otras cosas, hemos derribado aproximadamente diez aviones enemigos y a un general con una gran verruga en la nariz. En plena batalla, cuando los proyectiles estallaban a nuestro alrededor, he estado pensando en ti, querida Bozenka, qué debes hacer, si estás bien o qué hay de nuevo en casa. Siempre recuerdo con ternura el día que fuimos juntos a la taberna Tomás, cómo me tuviste que arrastrar hacia casa y cómo al día siguiente te dolía la mano del esfuerzo del día anterior. Ahora volvemos a avanzar, de modo que ya no tengo tiempo para escribir. Espero que me seas fiel, porque ya sabes que por lo que a esto respecta no soportaría ninguna broma. Pero ha llegado la hora de marchar. Te envío mil besos, querida Bozenka, y espero que todo acabe bien.

Tu sincero TONIK

El telegrafista Chodounsky dejó caer la cabeza sobre la mesa y se quedó adormecido.
Las aventuras del buen soldado Svejk, de Jaroslav Hasek