viernes, 18 de septiembre de 2009

Círculos de tiza



Querida Julia:
Te escribo por culpa de Alicia, que conste. Es una instigadora de lo más temible.
Lo primero que quiero decirte es que tenías razón en que tu padre es un tipo estupendo. Me habló muchísimo de ti, y nos caímos muy bien.
Es la primera vez que le escribo una carta a una persona que ya no puede responderme, aunque Alicia sostiene que el hecho de que alguien se haya ido para siempre no es una razón de peso para no escribirle cartas. En fin, creo que a estas alturas ya la conoces un poco.
Bueno, tengo que decirte que me hubiera gustado despedirme de ti. No te puedes imaginar las ganas que tenía de hacerlo. Ya se que resulta chocante, teniendo en cuenta lo poco que nos conocimos, pero tienes que admitir que eras una persona muy especial.
Le he hablado mucho de ti a Alicia y creo que está algo celosa, aunque a su manera. Le hubiera encantado conocerte, y os habríais caído muy bien. Demasiado bien, incluso.
Casi puedo imaginar las risas contenidas cuando yo me hubiese levantado para ir a la cocina, o algo así. En fin.
La verdad es que he conocido muy pocas almas como la tuya. Yo siempre las imagino iluminando la mira de capitanes valientes que ordenan cerrar filas entorno a su bandera desdeñando a la muerte, esa presuntuosa dama tan enigmática y deshonesta.
Las personas como tú sois un reflejo que resplandece en el fondo de un mundo de estrategias como una moneda en el fondo de un lago. Y así seguirás en mi memoria, desde luego.
Estos días he estado releyendo tus cartas y repasando las notas que tomé mientras estuviste viniendo a la consulta, y no he tardado en darme cuenta de que no me hacía falta.
Creo que siempre seguirás muy presente, y no sé cómo explicarlo. Como la guardiana entre el centeno que nadie podía ver, precisamente.
Supongo que sobrevivimos en aquello que dejamos en los corazones de los quien nos quisieron de verdad. Y en el mío, desde luego, dejaste muchas cosas, y además lo hiciste en un lugar muy especial y recóndito. Me temo que allí deberás convivir con Sir George, pero estoy seguro de que os llevareis bien. Bueno, es una broma. Hay bastante gente allí, la verdad. Incluso el pobre Román. Le quise muchísimo, y era un buen tipo antes de que empezara a sentirse culpable.
Seguiré escribiéndote, y procuraré ser muy cursi.
Un beso

Círculos de tiza, de Jorge Berenguer Barrera