miércoles, 23 de septiembre de 2009

Amigo invisible

">

Querido amigo invisible:

Te escribo estas líneas para darte las gracias.
Por estar a mi lado, aunque no te pueda ver. Por dejarme desvestir mi alma ante la pantalla y deleitarte ante la tenebrista imagen de ella que cual espejo yo te brindaba, sabiendo que un ángel de la música estaba siempre al otro lado.
Por ser sincero, creyendo correr un riesgo o temiendo pagar un precio del que no llegaste en ningún momento a ser deudor. Por decirme lo que te parecía justo y cierto, aun pensando que tal vez me irritara.
Por tratarme siempre de tú a tú.
Por las canciones dedicadas. Ese tema de Ramazzotti aun resuena en mi mente: “Cosa más linda que tú… Gracias por existir”. Fue como amanecer en un lecho de rosas… y una dicha serena y áurea se extendió esa mañana como el sol de estío sobre las calladas arenas que se alejan de las orillas que suenan a espumas.
Por la gratitud que a su vez siento hacia ti
Por creer en mí. Por confiar y confiarte. Por cada palabra de aliento. Por cada consejo (puesto o no en práctica por mí). Por recibir mi afecto y restituírmelo “ad integrum”.
Gracias porque en el punto exacto de la oscuridad sí supe más de ti.
Gracias al destino, porque en medio de una ciénaga brotó, siempre sorpresivo, el loto: nuestra amistad. Un diálogo entre tú y yo, un mutuo conocimiento, una compañía cierta.
Gracias por entenderme, por hablar el mismo lenguaje que yo, por valorarme, admirarme y hasta por quejarte sin tapujos de mis defectos y por mostrarme mis errores por adelantado.
Tu dicha es la mía. Tu dolor también lo siento yo.
Te quiere,
Tu amiga, en este Universo.
Gracias Katia