miércoles, 19 de agosto de 2009

La mujer silenciosa.-Mónika Zgustova



Después, un día, recibí una carta. hace medio año. Alguien me buscaba. Un hombre me buscaba.Le respondí con aspereza, no quería que comprendiera lo que pasaba en mi interior. Y recibí su respuesta:
Querida Sylva:
¡Me alegra mucho que haya contestado a mi carta! Me hace pensar que usted también se acuerda de mí y de la felicidad que compartimos hace tiempo. "Querido", esta manera tan habitual de dirigirse a una persona suena maravillosa salida de sus labios, mejor dicho, de su pluma. Mientras leía la palabra sentí un calor físico.
Ha mencionado los recuerdos. Por mi parte le aseguro que los momentos que pasé con usted fueron los más hermosos de todo cuanto he vivido hasta ahora. Entonces pensaba que siempre estaría tan bien como en esos momentos.
¿Recuerda aún el regalo que me ofreció? ¿Quizá no? Se lo recordaré yo: una tarde, en un café, el Café Louvre que hay en el centro de Praga, yo admiraba su guante encaje negro y a usted que jugaba con él. Durante muchos años lo he guardado. Siempre que sentía el deseo,sacaba su larguísimo guante de encaje negro con los dedos manchados de sangre y lo extendía ante mí. Siempre que veo aquel encaje negro salpicado de sangre seca, la siento a usted, Sylva, la veo y la siento cerca de mí.
Me gustaría estar informado de más detalles de su vida y, naturalmente espero volver a verla. Iré a buscarla donde sea desde cualquier parte del mundo.
No vuelva a desaparecer. Se lo suplico de todo corazón.
Suyo
Arbol viejo

P.S. El árbol viejo ya no tiene ramas ni hojas, pero de todos modos el viento de la primavera ha removido sus raices y han brotado flores


En cuanto leí estas palabras, en el jardín de mi vejez despuntó una flor blanca.

La mujer silenciosa de Mónika Zgustova