sábado, 22 de agosto de 2009

Dinero






Esto es la carta de un suicida. Cuando hayan terminado ustedes de leerla (y esta clase de cartas hay que leerlas despacio centrando la atención en las claves, en los detalles delatores), John Self habrá dejado de existir. En cualquier caso, la idea es ésa. Pero con las cartas de los suicidas nunca sabe uno a qué atenerse, ¿no es cierto? Si consideramos todo el conjunto de la vida planetaria, hay más cartas suicidas que suicidas.En este sentido son como los poemas: casi todo el mundo intenta alguna vez escribir una carta de suicida, tanto si tiene talento para escribirla como si carece de él. Todos nosotros las escribimos mentalmente. Por lo general, lo que importa es la carta. La terminamos, y luego continuamos nuestro viaje a través del tiempo. Lo que queda suspendido no es la vida, sino la carta. O al revés: la muerte. Pero con las cartas de los suicidas nunca sabe uno a qué atenerse, ¿no es cierto?
¿A quién está dirigida la carta? ¿A Martina, a Fielding, a Vera, a Alec, a Selina, a Barry...a John Self? No. está dirigida a ustedes, los que están ahí fuera, queridos, amables lectores.
M.A.
Londres, septiembre de mil novecientos ochenta y uno

Dinero, de Martin Amis