martes, 4 de agosto de 2009

Balanceo


Antes de ayer recibí una invitación para asistir a una función del circo que durante estos días está actuando cerca de donde yo vivo.
No me apetecía demasiado, pero insistió tanto la persona que me invitaba que no pude negarme y acepté.
Nunca me ha gustado el circo y lo sabe, pero esta vez, según él se trataba de una función totalmente distinta a lo que hasta ahora yo había visto .
Dijo que me pusiera ropa cómoda y así lo hice. A la hora acordada sonó el timbre de mi puerta, no tuvo ni que entrar, pues sabiendo que le gusta la puntualidad hacía ya un ratito que le esperaba sentada en un sillón que está junto a la ventana del salon.
Llegamos temprano, así pudimos entrar tranquilamente y acomodarnos un poco a nuestro antojo.
Debo reconocer que iba con la idea preconcebida de que me aburriría enormente.
Empezó el espectáculo, no estaba mal, fueron pasando los minutos, mi pensamiento y yo estabamos a kilómetros de la pista y de los artistas.
No recuerdo en qué momento levanté la vista y mi mirada quedó clavada en los trapecistas, observando cómo se balanceaban, suave y tranquilamente, sin miedo alguno a caer aunque no había ninguna red debajo de ellos.
Me dije, si no es así como voy con mi vida. Así es mi mundo, totalmente al revés, irreal, mi alma está en continuo balanceo y tampoco tengo ninguna red por si caigo, aunque no creo que la necesite por ahora.
La función continuaba y yo seguía ensimismada con en el juego de manos de los artistas.
Y pensaba cuan importante y vital es que esas manos se encontraran, se entrelazaran entre si.
Manos que se juntan en otras manos y al sentirse unidas hacen que no sientas miedo.
Manos que hacen volar corazones en el espacio, sin pensar en el riesgo que corremos si llegan a aflojarse y dejan de sostenernos.
Así permanecí durante no se cuanto rato, observando y pensando en lo importante que es arriegarnos para llegar al lugar con el que soñamos .
Quizá con un poco de astucia podamos engañar al destino, y mientras nos balanceamos viajando en nuestro propio mundo llegemos antes que él.