lunes, 13 de abril de 2009

Punto de inflexión


Hola ¿Qué tal estás? Supongo que te extrañará recibir esta carta, incluso es muy probable que ni llegues a leerla puesto que hace ya unos meses que inicié este viaje.
El caso es que hace un día magnífico, y aquí desde donde me encuentro, cerca del mar el paisaje es maravilloso, y bueno…he querido, de alguna forma compartirlo contigo.
Mientras estoy sentada, solo escuchando el sonido que me llega de las olas, se han agolpado imágenes y pensamientos de hace ahora ya mas o menos un año. ¿Recuerdas tú en algún momento todo aquello? ¿De cómo nos conocimos? ¿De cómo si darnos apenas cuenta llegamos a tanto?
Eran días hermosos, infantiles, llenos de ilusión. De un breve saludo de fin de semana, pasamos a la conversación diaria. Conversaciones de horas y horas que se convertían en segundos. Días en los que todas nuestras prioridades quisimos que fuéramos nosotros mismos, solo nosotros. Tú y yo. Qué genial. Sin ni tan siquiera decírnoslo cambiamos nuestra rutina. El café de media mañana con los compañeros dejó de ser importante. ¡ Qué más daba un café cuando tenías ante ti a alguien tan atrayente?. El horario en el que finalizaba la jornada de trabajo. ¡Qué importancia tenía terminar el trabajo si lo que me contabas me llenaba tanto!
Caramba!, cómo cuidaba toda mi indumentaria, nunca repetía ropa, quería estar perfecta para que al verme hicieras algún comentario al respecto.
Era todo tan mágico, tan atrayente, tan sensual que nada importaba. Todo lo demás, lo de nuestro alrededor, aunque importante, pasó a segundo plano. Durante esas horas solo éramos dos, nada más. Dos personas que se complementaban en todo, que con cada frase sin importancia se gustaban más y más.
Debo decir que soy bastante escéptica en casi todo, también lo fui en este caso. Cada día al terminar nuestra conversación me iba a casa con el pleno convencimiento de que ese día era el último, pero me equivoqué. Cada día lo nuestro avanzaba más y más. Más y mejor.
Ahora ya ha pasado tiempo de todo aquello. Y el café vuelve a ser lo más importante. Y el horario empieza a ser importante. Y la realidad se deja asomar. Y la decepción y desengaño también hacen su visita.
Estoy bastante lejos, supongo que no volveré. Me siento bastante cansada. El cansancio y el desengaño están tan presentes, tan frente a mi…que me asusta.
Cómo es posible que dos personas que tanto se complementan, que las dos quieren decir lo mismo, hablen en distinto idioma. Aunque el idioma nunca ha sido problema para las personas que quieren y desean entenderse.
Es tarde y empieza a refrescar, creo que debo marchar. Esperaré tu respuesta, si no dices nada lo entenderé. Pero me haría muy feliz que me contestaras.
Un abrazo.