martes, 5 de agosto de 2008

Carta XIX

[Por 1452]

Carta XIX

A veces, las grandes alegrías provienen de las cosas consideradas más insignificantes. A veces, las esperanzas se ven colmadas, cuando uno sigue firme y no se rinde en la espera. A veces, sólo a veces, uno consigue lo que quiere por justicia y pleno derecho.

A veces, uno da un día por bien empleado, cuando las caretas caen y los actores muestran su verdadera faz. A veces, la función termina demasiado pronto. A veces, sólo a veces, uno disfruta de que los actores se vean entre ellos, y se asombren de no haberse conocido hasta entonces.

A veces, el propio tropiezo nunca se toma en cuenta, pero sin embargo, el ajeno es imperdonable. A veces, el de los mil tropiezos se da el lujo de censurar al de los cien. A veces, sólo a veces, el que mira al cielo y no a la tierra, evita el tropiezo.

A veces, caminar entre espinas es benéfico para el espíritu. A veces, caminar entre espinas es mortal para el alma. A veces, sólo a veces, quien camina entre espinas, sabe discernir cuando atacar o bajar la guardia.

A veces, soñar es peligroso. A veces estar despierto es una maldición. A veces, sólo a veces, despertar sólo es el comienzo de un sueño.

A veces, creerse fuertes nos hace inconscientes de la propia debilidad. A veces, ser débil no es más que guardar la fortaleza para otra causa mejor. A veces, sólo a veces, aplicamos la fuerza justa.

A veces, me repito para hacerme consciente. A veces, me hago consciente a fuerza de repetirme. A veces, sólo a veces, estoy alegre, tengo esperanza, consigo lo que quiero, doy el día por bien empleado, entiendo la función, conozco al actor, camino entre espinas, sueño, despierto, soy fuerte, me vuelvo débil, tropiezo donde tropecé antes ya… a veces, sólo a veces, sé quién soy yo, y quiénes son los demás.