lunes, 25 de agosto de 2008

Javier.

[por Anjanuca]

Cuántas veces hemos cruzado nuestros caminos por las escaleras, cuántas veces me he acercado a ti sólo para pedirte los horarios, cuántas te he pedido los días de salida para ajustar el circuito, cuántas me has llamado para avisar de que el vuelo se cancelaba....

Hoy leo tu nombre en la prensa. Ya te han identificado y vuelves a casa. Y sigo leyendo y veo que tus padres son ese matrimonio tan agradable al que veo tan a menudo cuando entro en su bonita bombonería a comprar esas deliciosas castañas confitadas. Y sigo y me entero de que hace tan sólo un año que tenías este nuevo trabajo, que esta era en realidad tu ilusión. Ya no puedo seguir leyendo, las lágrimas emborronan las letras, las líneas se cruzan, no veo. No creo.

Me han llamado nuestros antiguos compañeros, están tristes, muy tristes. Me comentan que esta semana quieren reunirse para recordarte y me preguntan si quiero unirme a ellos.

Digo que sí, pero mi motivo no va a ser sólo recordarte sino pedirte perdón. Perdón porque mi vida ha estado cruzándose con la tuya durante dos años y no he sabido conocerte, perdón porque siento vergüenza de mi misma porque hoy he sabido más de ti que cuando la vida me dio la oportunidad.

Espero sepas perdonar mi desidia, yo te prometo hacer todo lo humanamente posible para no olvidar ni tu cara ni tu voz. Te lo debo.