martes, 15 de julio de 2008

Carta XVII

[Por 1452]

Carta XVII

He sobrepasado el límite de este juego idiota, que ni tú ni yo, vamos a conseguir ganar, porque nos falta promesa que romper y palabra que olvidar.

No sé si es cansancio, lucidez, o simplemente un arrebato de indignación, contra mí, contra ti y contra el universo entero, que me arrastra a aguas donde no sé nadar, y me ofrece como único salvavidas tu cuerpo.

Se me han rebelado los relojes ante tanta aguja desgastada en el intento, me han gritado todas y cada una de las cartas que te he escrito en silencio, y el alma poniéndose en pie, tras la caída en el más negro de los abismos, me ha recordado que no existe nadie que deba detener mi camino.

¿Acaso tú eres mi camino? No lo sé, pero por si acaso no lo eres, no dejaré que te interpongas en él.

Sé medir las palpitaciones de las estrellas, los latidos de los planetas y desentrañar los mensajes del cielo, y a pesar de que ellos se han alzado contra mí, arrojándome a tus pies, no estoy dispuesta a que lo sigan haciendo. Si es necesario, convertiré el cielo en infierno prendiéndole fuego.

No sé cuál será el precio que haya de pagar por desoír la insistente voz que me susurra, que debo permanecer en tus manos, pero estoy dispuesta a pagarlo.
Cualquier moneda vale lo pesa, para dejar de vivir pendiente de tu respiración y tu abrazo.

Nunca más vas a estar encadenado a un verso mío.

Te libero de mi suspiro.