martes, 24 de junio de 2008

Java

[por Wara]

Java:

¡No quiero que me escribas más ni tampoco llames! ¿Acaso no te quedó claro la última vez que hablamos? Porque no pretenderás convencerme ahora con eso de que no te sientes bien, que me echas de menos, que no sabes vivir sin mi. ¡No seas niño! Si ves que te sobra demasiado tiempo y no sabes qué hacer ni encuentras entretenimiento con tus amigos, vuelvo a sugerirte que te dediques en cuerpo y alma a buscar un trabajo, el que sea. ¡Deja ya de vivir a expensas de los demás! Verás que enriquecedora es la experiencia de no depender de los mimos de mamá o la intransigencia de papá.

Disculpa mis modales, que no te pregunté por la salud de tu madre. ¿Al final habéis encontrado quien se ocupe de ella? No dudes que la aprecio de verdad, pero lo que no comparto es la forma en que ella cree que debe protegerte, el modo en que se ha pasado tu vida engañándose a sí misma, negándose la realidad de tu carácter, de tu modo de vida. Creo que nunca le caí bien precisamente porque intuyó en mí que nunca podría sentir por ti lo mismo… que yo nunca te justificaría, que no explicaría tus arrebatos, la locura que sin motivo se adueña de tus días. No tengo que explicarlo, lo sabes, ¿verdad? Puedo perder la razón por amor, pero mi locura y la tuya jamás serán la misma. No busques más fantasmas; la sociedad no se confabula para acabar contigo ni yo te engañé jamás con ningún amigo.

Fui una tonta, Java. ¡Cuántas pistas ibas dejando por el camino y yo te seguía, ciega a tu desequilibrio! Ni siquiera me di cuenta cuando exigiste que sacara del coche la música de Mozart y Carmina para que aceptaras viajar conmigo. Un capricho, me dije, un capricho que bien puedo cumplirle… pero que no hice. Te enfadaste, discutimos, lloré, no salimos. Te reías de mí porque me gustaba leer poesía; te burlabas considerando mis aficiones demasiado cultas para compartirlas contigo. Pero es que no sabes… si no hubiera leído a Yourcenar, por ejemplo, nunca esperaría que tú fueras el hombre que aguardaba en mi vida. Habrías pasado de largo sin hacerme tanto daño; nunca me hubiera considerado lo bastante fuerte como para pensar en ponerte a salvo de ti mismo.

¿Sabes? No recuerdo haberme sentido tan segura junto a nadie como cuando tú me cogías de la mano y me guiabas… al principio. Pero un día tropecé, caí… era de noche y tú me reñiste. Torpe, estúpida, ¿no ves el camino? No, sabes que no lo veía… Y mira, a fuerza de tanto pedírmelo, fue cómo un día cerré nuestro libro de poesía y te lo entregué a tu gusto, sin palabras ni sentimentalismo; vacío.

No me llames, por favor. Busca cómo llenar tu tiempo, cómo seguir tu vida. No tienes que devolverme nada, los regalos son regalos. Lo que te llevaste sin permiso, mi amor propio, mi autoestima, que con exitoso empeño rebajaste, lo recuperaré yo misma.